Del ¡aja!, la fiesta de Ángeles Somos y mi candidatura al Concejo de Cartagena

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Por: Xamara Guerrero

¿Crees que metiéndote en la política vas a arreglar a Cartagena?
Fue la pregunta sincera de un amigo de la infancia. Mi respuesta fue igual de honesta:
Creo que la semilla de la transformación hacia una mejor ciudad ya está sembrada en muchos cartageneros. Yo soy una y esa convicción me da mucha fuerza para insistir en promover los cambios que necesitamos.
Por la expresión en el rostro de mi amigo, parece que mis palabras no fueron suficientes. Mis sospechas quedaron confirmadas cuando el espíritu inquisidor de mi interlocutor dejó escapar aquella expresión contundente que me obligaba a explicar bien mi respuesta:
– ¡Ajá!
Una sola palabra pero que me obligaba a ser más clara. Y en verdad espero haber dejado conforme a mi amigo con la manera como enfrente su ¡ajá!. Recurrí a nuestra nostalgia común de infancia.

Quiero que recuerdes algo. Aquellos días cuando niños, y llegada la madrugada del primero de noviembre nos reuníamos en la calle del barrio, con balde en mano, pantalones cortos y chancletas. Era una verdadera manada de 8 a 12 pelaos llenos de ánimo, alegría y ese corito celestial que ya nunca se nos olvidará: Ángeles somos, del cielo venimos, pidiendo limosnas pa’ nosotros mismos.
Eso que vivimos se llama tradición, cultura, raíces. Hace parte de nuestra identidad cartagenera. Es rico en valores como la solidaridad, la unión, el trabajo, el esfuerzo, la justicia, la equidad y otros más. Nunca se le negó el plato de sancocho a quienes hicieron parte del grupo que recorrió el barrio cantando de puerta en puerta. ¿Y sabes por qué? Porque ninguno de la comitiva era visto como un extraño, como alguien ajeno o sin derechos. Lo que esta tradición inculcó en nuestra niñez fue el amor por el otro, el compañerismo, la hermandad.
Hoy Cartagena necesita recuperar ese sentido de solidaridad entre sus habitantes, que nos cuidemos los unos a los otros, que denunciemos cuando veamos amenazas o delincuencia, que compartamos nuestros talentos y trabajos, que cuidemos nuestros espacios, que nos pensemos como ciudadanos que compartimos la misma olla y que estamos atentos a que no se seque el sancocho ni mucho menos que se queme el bastimento. Esa olla de sancocho hoy es Cartagena y todos debemos tomar parte activa en su progreso, su desarrollo, en el cuidado de sus finanzas, en la veeduría de sus obras y en el actuar de los políticos que nos representan. Si yo hoy quiero ser concejal por Cartagena es porque quiero hacer bien las cosas pero también quiero que la mayoría de los cartageneros se despierten y se adueñen de su ciudad, manteniendo el orden, respetando las normas de convivencia y de tránsito, desescalando la violencia intrafamiliar, siendo responsables con su propia salud, sus emociones, cumpliendo con excelencia en sus trabajos quienes tienen empleo y que se capaciten y sean recursivos legalmente quienes tienen la situación más apretada, que sean padres y madres responsables que cuidan y ayudan a sus hijos, jóvenes con esperanza hacia el futuro, diligentes, proactivos y creativos, una sociedad tolerante, resiliente y valiente. ¿Y por qué tiene que ser el Concejo? Porque se necesita que nuestro sancocho tenga buenas presas y no sea una sopa aguada. Necesitamos recursos para que nuestros muchachos se metan al deporte en unas buenas instalaciones, con los mejores instructores bien pagados, buenos colegios para educarse con maestros dispuestos, una red hospitalaria bien estructurada, organizar mejor la movilidad, los espacios de recreación con los parques biosaludables, un turismo dinámico que multiplique la empleabilidad y que deje satisfecho a los visitantes. Hay muchas cosas por hacer y mejorar pero se necesita que nuestros recursos sean bien invertidos, con responsabilidad social y con honestidad. Estas son cosas que hacen los concejales en sintonía con el alcalde. Hoy yo me postulo al Concejo por medio del Partido Esperanza Democrática, soy la número 2 de la lista y si logro contagiar con mi visión a otros cartageneros, nuestro tintililillo será para gozarnos y no para lamentarnos.

Después de mi espontanea diatriba, mi amigo, mi querido amigo de mis años de primaria se quedó mirándome mietras levantaba lentamente su cabeza para luego dejarla caer casi que de manera brusca y para terminar nuestra conversa con una sola expresión:
¡Ajá!

La Cultura como base del desarrollo del Corralito de Piedra.