28 de mayo: Día Internacional de la Higiene Menstrual

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La pobreza menstrual: una desigualdad silenciosa que debemos visibilizar

El 28 de mayo no es una fecha cualquiera. Es un día que, como mujer, me toca profundamente. Es el Día Internacional de la Higiene Menstrual, y con él, la oportunidad de visibilizar una realidad que sigue siendo ignorada: la pobreza menstrual.

Esta forma de desigualdad silenciosa afecta a millones de niñas, adolescentes y mujeres que no tienen acceso a productos de higiene menstrual, a información adecuada ni a condiciones dignas para gestionar su periodo. No se trata solo de una cuestión de salud: es un tema de dignidad, equidad de género, educación y justicia social.

Las consecuencias son graves y cotidianas: niñas que faltan al colegio porque no tienen cómo manejar su menstruación; mujeres que recurren a materiales insalubres por falta de recursos; y un estigma que aún pesa, generando vergüenza, exclusión y silencio.

La menstruación no debería ser un obstáculo para el desarrollo personal, ni una causa de discriminación. Frente a esta realidad, es urgente dejar de mirar hacia otro lado y actuar desde lo colectivo, lo institucional y lo político.

¿Qué podemos hacer?

Desde distintos espacios hemos propuesto acciones concretas para combatir la pobreza menstrual. Aquí algunas de las más urgentes:

1. Distribución gratuita de productos menstruales

Implementar políticas públicas que garanticen el acceso gratuito a toallas higiénicas, tampones o copas menstruales en:

  • Escuelas
  • Centros comunitarios
  • Centros de salud
  • Cárceles y refugios

2. Educación menstrual integral

  • Incluir contenidos sobre menstruación, salud reproductiva y mitos culturales en los programas escolares desde edades tempranas.
  • Involucrar también a niños y hombres para romper el tabú, reducir el estigma y fomentar la empatía.

3. Apoyo a productos sostenibles

  • Promover el uso de copas menstruales y toallas reutilizables a través de subsidios o programas de distribución, especialmente en comunidades rurales o en situación de vulnerabilidad.

4. Campañas de concientización

  • Lanzar campañas en medios tradicionales y redes sociales que normalicen la menstruación y contribuyan a desestigmatizarla en la sociedad.

5. Acceso a infraestructura digna

  • Asegurar que todas las escuelas y espacios públicos cuenten con baños limpios, agua potable, privacidad y condiciones adecuadas para la gestión menstrual.

La pobreza menstrual no se resuelve con caridad, sino con políticas estructurales, educación y voluntad social. Es hora de romper el silencio, de hablar de lo que aún incomoda, y de actuar con responsabilidad y empatía.

Porque menstruar no debe ser un lujo.
Porque la igualdad empieza por reconocer lo básico.