Entre problemas y Esperanzas

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Por José David Vargas Tuñon

El pueblo colombiano, habló en el idioma de la democracia. El palacio de Nariño tendrá un nuevo habitador de sus aposentos por al menos cuatro años.

Se decidió, en este país, por la vía legitima del voto, acabar con el paisaje utópico de los discursos de un tartufo Petro y los de un, aún más desgastado, Cepeda.

Sin embargo, tales preferencias, si bien deja algunos con el moco tendido, a otros los pone en la palestra pública y hace visibles fracturas propias de un gabinete a entregar tras el eventual proceso de empalme a surtir.

Problemas en seguridad, deficitarios resultados en materia de desempleo, estrepitosas falencias en el tema educacional y de financiamiento a proyectos de alta calidad en la universidad pública, y paupérrimas medidas en el marco económico, son tan solo algunas de las herencias problemáticas que deja este gobierno próximo a fenecer.

Sin embargo, para los fines que nos convoca, me referiré a dos problemas que son tan transversales como ellos mismos: la inestabilidad de los gabinetes ministeriales y la falta de cohesión en la organización castrense.

El primero de los problemas, el concerniente a la inestabilidad en los ministerios, durante el casi fenecido gobierno de Petro fue casi que patológico y parte inherente de sus políticas avinagradas con su bipolar ánimo. Y es que, según el diario La República, en su edición del 24 de octubre del 2025, con corte a esa fecha ya habían sido 62 los ministros que habían sido parte de la administración; sin contar, con aquellos movimientos que se han hecho alrededor de este año.

Por falta de resultados, luchas intestinas por el poder o por el ánimo díscolo del presidente, el cambio constante de los ministros ocasiona ciertas situaciones a tener en cuenta: en primer lugar, demuestra una debilidad de la institución del ministerio en cuanto a las reglas del juego que los rigen, lo que impacta en los actores sociales ante la incertidumbre que genera este aspecto para el ejercicio de sus relaciones con el estado; en segundo lugar, genera una interrupción de la continuidad de las políticas públicas, dificultando, a su vez, la planeación y ejecución de proyectos a largo plazo, generando gastos y consecuentes daños patrimoniales al estado por erogaciones innecesarias.

Fenómeno similar ha ocurrido con el segundo de nuestros problemas a mencionar, el de la falta de cohesión en las fuerzas militares.

Este gobierno, a corte 28 de diciembre del 2025 según informaciones del medio de comunicación Infobae en su edición de ese día; removió de su cargo a más de 70 funcionarios entre generales y almirantes de la fuerza pública, en episodios que se pueden dividir en los siguientes meses: agosto de 2022 tras cinco días en el poder se produjo la salida de 52 generales entre Policía Nacional, Ejército y Fuerza Aeroespacial Colombiana; para julio de 2024, se dio una depuración más moderada que la anterior; el último episodio fue en diciembre de 2025 con miras al aspecto electoral de este 2026 para consolidar respaldo a su proyecto político, cosa que no ocurrió.

La remoción y recambio en forma indiscriminada de la cúpula de nuestra fuerza pública, genera amplios problemas de vulnerabilidad de la seguridad nacional, con una inestabilidad que resulta perjudicial para la administración misional de la fuerza, la distribución y ejecución de su presupuesto y de su capacidad operativa.

La moral y la desorganización dentro de la tropa provoca un escenario de descontrol a la hora de la distribución de las informaciones y las ordenes, al no tener un comandante en jefe con el mando y el poder de disposición de su personal, pero, ante todo, por la falta de una visión de respeto por parte de sus subordinados por contar con la debida antigüedad y trayectoria a la cabeza.

Así, que las tropas del país tengan constantemente una cúpula joven y en constante aprendizaje causa inseguridad a la hora de planear las ofensivas contra el crimen organizado ante la falta de cohesión de un mando militar con la trayectoria y el poder de disposición de su personal.

Por lo que la falta de veteranía, a largo plazo, de continuar las cosas así en este gobierno nuevo, pasará factura.

En ultimas, Abelardo de la Espriella junto con José Manuel Restrepo, tomarán una cartera bastante golpeada por los embates de la economía global, unas instituciones plagadas de inestabilidad y corruptela, y un ejército con poca voz de mando para hacerle frente a los retos de seguridad.

Sin embargo, en ambos reposa la esperanza de un país menesteroso de una posición firme ante el avance de los grupos al margen de la ley y de la mermelada corrupta que ha dejado atrás este gobierno envejecido. Por tanto, esperemos a que el gobierno se ponga “firme” por los ciudadanos y asuma estos nuevos retos con la entereza necesaria que demanda el país.

Buen viento y buena mar.