Civismo y Respeto: La Base invisible de una Sociedad Fuerte
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Por Luis Jerez
Vivimos en una época en la que la polarización, el ruido y la prisa parecen estar ganando la batalla contra la empatía, la cortesía y el diálogo. En medio del caos diario de nuestras ciudades —el tráfico que no respeta al peatón, la basura que se lanza sin pudor, el volumen que invade los espacios comunes— se va perdiendo algo mucho más profundo que las buenas maneras: se va perdiendo el sentido de comunidad.
El civismo no es una etiqueta para personas “educadas” ni un adorno de la vieja escuela. Es, en esencia, el pegamento que sostiene la vida en colectivo. Es la práctica cotidiana del respeto por el otro, aunque no lo conozcamos. Es ese acto aparentemente sencillo —ceder el paso, saludar, hacer la fila, no gritar, cuidar lo público— que construye un tejido social más justo y humano.
Muchas veces creemos que los grandes cambios solo pueden venir desde el poder, desde las instituciones. Pero olvidamos que el respeto empieza en la esquina de la casa, en la forma en que tratamos al vecino, al reciclador, al conductor del bus. Cuando el civismo se vuelve costumbre, la ciudad respira diferente. Cuando el respeto es mutuo, se siente menos miedo y más confianza.
Como gestor cultural y como ciudadano, he visto que el arte, la música y la cultura logran lo que a veces la política no puede: reunirnos en torno a lo que nos une, más que lo que nos separa. Pero para que esa magia funcione, necesitamos una base: respeto. Si no nos escuchamos, si no nos tratamos con dignidad, si no valoramos el espacio del otro, entonces ningún esfuerzo cultural, social o económico va a tener sentido a largo plazo.
Cartagena, Bolívar y Colombia entera necesitan más civismo. No como un eslogan vacío, sino como una práctica diaria que se cultiva en casa, en la escuela, en la calle. Y aunque pueda parecer ingenuo, sigo creyendo que, si cambiamos nuestras pequeñas acciones cotidianas, podemos transformar realidades más grandes.
Porque al final, no se trata solo de convivir: se trata de construir, juntos, una sociedad más decente y más cohesionada.




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