Estrategias de persuasión social

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Por Bernardo Romero Parra
El paciente había estado hospitalizado por causa de su adicción a las drogas que lo hacía deambular como un loco, sucio y harapiento, buscando consumir sustancias alucinógenas antes que alimentarse bien.

Por lo que su familia en otro intento por sacarlo de ese mundo acudió a la empresa de salud a la que estaba afiliado con el fin de que ingresara a un programa intensivo de rehabilitación que esa entidad realizaba en una finca en el municipio de Turbaco.

La EPS dio las autorizaciones del caso, pero llevar al paciente y convencerlo de la necesidad de ingresar al programa no fue fácil, ya que el individuo manifestaba estar bien de salud y que no necesitaba ninguna atención terapéutica, afirmando que nadie podía violar sus derechos constitucionales obligándolo a hacer algo que él no quería.

Ante esa disyuntiva se le propuso que aceptara ser atendido por el psiquiatra de la citada institución y que se aceptaría el concepto del profesional.

En la cita con el galeno, este después de hacer una entrevista y exhaustiva revisión, le dijo: “Al revisarlo veo que usted hoy está bien de salud. Pero por lo que yo no le respondo es por lo que le pueda pasar mañana con su salud, ya tiene muchos años de consumo y ha sufrido un deterioro en sus órganos que lo hacen susceptible de una muerte repentina. Enterado que usted no quiere ninguna ayuda y que nosotros se lo estamos advirtiendo debe firmarnos un acta donde nos libera de cualquier responsabilidad por lo que le pueda suceder, nos firma y se puede ir», mientras el paciente, con rostro de preocupación, respiraba temeroso.

Debes tomar una decisión, le dijo el médico: ¿Ingresas a nuestro programa para salvarte la vida o te vas para morir en la calle? Y el paciente respondió, ayúdeme Doctor no me deje morir. Días después los familiares preguntaron al médico si era verdad toda la advertencia que hizo, y este respondió, todo lo que le dije es una verdad, que si no se dice cómo debe decirse no se logra persuadir al individuo de la gravedad de su situación.
Lo anterior es un relato de la realidad para motivar a los profesionales del trabajo social a no dejarse vencer por las habilidades de manipulación que aplican las personas que habitan las calles de las grandes ciudades como Cartagena, que se niegan a recibir ayudas y participar en programas de rehabilitación humana. Nuestras investigaciones confirman que existen numerosas estrategias de persuasión social para lograr que una persona permita que le salven su propia vida y que es un deber ético profesional de quien atiende estudiarlas, analizarlas y aplicarlas.