Hago lo que me da la gana

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Pr. Arnold Enns

“Algunos dicen: «Yo soy libre de hacer lo que quiera.» ¡Claro que sí! Pero no todo lo que uno quiere, conviene; ni todo fortalece la vida cristiana” 1 Corintios 10:23

“No me importa lo que tu piensas, lo voy a hacer porque me da la gana”. “Si no te gusta es tu problema, porque tengo derecho a mi libertad”. Estas expresiones se han vuelto virales. Vivimos en tiempos donde personas le han dado rienda suelta a sus antojos y sus deseos.

Sin embargo, el costo del libertinaje tiene un alto precio y también deja daños por doquier. De hecho, las Escrituras nos dicen que hay por lo menos tres áreas en las que debemos limitar nuestra libertad.

Cuando transgrede mandamientos: Muchos van en contra de lo que la Biblia claramente nos enseña a no hacer. En 1 Juan 3:4 dice “Todo el que comete pecado quebranta la ley; de hecho, el pecado es transgresión de la ley”. El adulterio, robar, y mentir tienen consecuencias para todos.

La Biblia también dice que no ayudar a alguien cuando podrías hacerlo, es un pecado. Fuimos creados para vivir en comunidad y por tanto hacer lo que me da la gana tiene consecuencias negativas para todos.

Cuando no estamos seguros: En ocasiones uno se encuentra en situaciones que no son claramente identificadas como pecado. Si tienes dudas en ver una película o contar un chiste de mal gusto, es mejor que no lo hagas.

En Romanos 14:23 dice “Pero el que tiene dudas en cuanto a lo que come se condena; porque no lo hace por convicción. Y todo lo que no se hace por convicción es pecado”. Recuerda este principio que si tienes dudas, es mejor que no lo hagas.

Cuando hacemos tropezar a alguien: Ser parte de una acción que hace caer en desgracia a otra persona es pecado. En Mateo 18:6 dice “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino, y que se le hundiese en lo profundo del mar”. Jugar con las emociones de otra persona, simplemente porque me da la gana, es pecado.