Hilda María Fuentes Fernández: la mujer que dio vida a un festival entre montañas y aguacates

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Por trece años consecutivos, los campos de San José del Playón, en el departamento de Bolívar, han sido testigos de una celebración que trasciende el fruto que le da nombre: el Festival del Aguacate.

Detrás de esta fiesta se encuentra Hilda María Fuentes Fernández, una mujer con alma de líder y corazón de campesina, que decidió volver a su tierra no solo para reencontrarse con sus raíces, sino para hacer florecer el orgullo de su gente.

Se realizó la 13 versión del Festival del Aguacate, en San José de Playón (Marialabaja). Foto cortesía Yomaira Grandett.

“Yo me fui de esta región, donde trabajé manejando lancha. Mis campesinos me querían mucho, y yo también los quería”, recuerda Hilda con la nostalgia de quien ha tenido que abandonar su hogar, pero también con la fortaleza de quien ha sabido regresar. Fueron años difíciles, marcados por el desplazamiento forzado. Pero en medio del dolor, nació una idea: motivar a los aguacateros, hombres y mujeres que, como ella, han labrado la tierra con esperanza.

Hilda María Fuentes Fernández, la mujer que con gran empeño ha sacado adelante este festival que llegó a su 13 edición.

Así nació el Festival del Aguacate. “Al principio yo les pedía a cada uno de ellos 20 mil pesos, para el regalo de ellos mismos”, dice con una sonrisa.

Foto Yomaira Grandett.

Aquella primera edición, modesta pero llena de simbolismo, fue el inicio de un sueño que hoy reúne a cerca de 100 campesinos aguacateros. Ahora, en lugar de dinero, ellos aportan 20 aguacates bonitos. Y a cambio, Hilda les entrega detalles que superan los 100 mil pesos en valor. No es solo un intercambio de frutos y obsequios: es una celebración de dignidad, esfuerzo y pertenencia.

El gobernador Yamil Arana Padauí participó este domingo del Festival del Aguacate en San José de Playón. Foto Yomaira Grandett.

“El gobernador apoya este festival. Es un hombre noble, honesto, lo mejor que ha tenido el departamento de Bolívar”, afirma con gratitud. También reconoce a su alcalde, otro aliado de la causa campesina. Pero su visión va más allá: Hilda sueña con un respaldo total, con que alcaldes, gobernadores y senadores hagan suyo este festival, para que ella no tenga que “salir a caminar, a sudar la camiseta para ganarme un regalo”.

Foto Yomaira Grandett.

Ella no pide para ella. Pide para los suyos. Para los campesinos que cultivan aguacates bajo el sol, que cargan canastas llenas de esperanza, que resisten y celebran. “Los campesinos se merecen esto y algo mejor”, dice con la voz de quien ha aprendido que el amor por la tierra también se cultiva en comunidad.

Porque Hilda María Fuentes Fernández no solo fundó un festival: sembró una revolución verde en el corazón de Bolívar.

Gobernador Arana visitó el Festival del Aguacate

En esta edición número 13, la presencia institucional se hizo sentir como nunca antes. El gobernador de Bolívar, Yamil Arana Padauí, quien conoció el festival durante su campaña junto al hoy alcalde de María La Baja, regresó con compromisos concretos: “Este festival no solo resalta nuestras tradiciones, sino también la importancia del aguacate para la región Montemariana”, expresó.

Y fue más allá, con una mirada estratégica: “Playón es un atractivo turístico que en cualquier parte del mundo estaría desarrollado. Nosotros queremos impulsarlo, pero respetando a las comunidades y su historia”.

El gobernador además detalló inversiones que transforman realidades: acueductos en Playón y Mampuján, pavimentación de vías, el diseño de nuevos proyectos de acueductos para Ñanguma, Flamenco, Níspero y San Pablo.

Confirmó lo más esperado: el Hospital Regional de María La Baja, cuyos diseños ya están listos y cuentan con recursos asegurados.

Pero más allá de las obras, Yamil Arana hizo algo que pocas veces se ve desde la institucionalidad: reconocer el trabajo silencioso de los líderes comunitarios. “Con poco, hacen grandes cosas. Construyen colegios, centros comunitarios, represas. A ellos les digo: ustedes son protagonistas de nuestro gobierno y siempre contarán con nuestro apoyo”.

Hilda, por su parte, sueña con que en el futuro no tenga que recorrer despachos para pedir apoyo. Que el festival se vuelva una causa institucional. Que alcaldes, gobernadores y senadores se apropien de esta celebración como símbolo del campo que resiste, produce y construye país. “Los campesinos se merecen esto, y algo mejor”, dice, convencida.

El Festival del Aguacate no es solo una fiesta. Es una semilla de dignidad que crece entre montañas, en manos de quienes, como Hilda y su comunidad, han hecho del amor por la tierra una bandera de vida.