La reforma laboral de Petro, una amenaza a la libertad económica

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Por Carlos Serrano Sierra
*Estudiante de Administración de Empresas en Universidad de Cartagena, Analista y activista político y defensor de la Libertad.*

La reforma laboral propuesta por el gobierno de Gustavo Petro, aunque presentada como un proyecto de justicia social, representa en realidad una intervención estatal excesiva en el mercado laboral colombiano, que limita la libertad tanto de empleadores como de empleados. Esta reforma plantea una serie de riesgos que, lejos de mejorar las condiciones de los trabajadores, podrían desencadenar un aumento del desempleo, particularmente en sectores vulnerables como el femenino, y frenar el crecimiento económico.
El objetivo de la reforma es claro: fortalecer los derechos de los trabajadores y reducir la precariedad laboral. Sin embargo, las medidas propuestas, como la obligatoriedad de los contratos indefinidos y el aumento de los recargos por trabajo nocturno, dominical y festivo, pueden tener consecuencias devastadoras para la libertad empresarial. El empresario quedará atado a contratos más costosos y difíciles de romper, lo que limitará su capacidad para adaptarse a las fluctuaciones del mercado.

Esta reforma plantea una serie de riesgos que, lejos de mejorar las condiciones de los trabajadores, podrían desencadenar un aumento del desempleo, particularmente en sectores vulnerables como el femenino, y frenar el crecimiento económico.


Expertos en economía han advertido sobre el impacto negativo de estos cambios. El economista Andrés Espinosa Fenwarth advirtió que estas medidas, al aumentar los costos laborales, desincentivarán la creación de nuevos empleos, afectando particularmente a las pequeñas y medianas empresas (PyMEs), que generan la mayor parte del empleo en el país . Además, sectores como el turismo, el comercio y la industria, que dependen en gran medida de los trabajos nocturnos y en festivos, se verán especialmente afectados, lo que podría llevar a una reducción de la plantilla o a la informalización del empleo.
El riesgo de que estas reformas desencadenen un aumento del desempleo es real, y no es una advertencia exagerada. El senador del Centro Democrático, Miguel Uribe, criticó abiertamente la reforma, afirmando que «el costo para los empleadores será inmanejable», lo que generará despidos masivos y un incremento de la informalidad, que ya supera el 50% en el país. La propuesta de Petro, si bien busca proteger a los trabajadores, podría terminar reduciendo las oportunidades laborales para miles de colombianos.
Uno de los efectos más preocupantes de la reforma es el potencial impacto negativo en el empleo femenino. Las mujeres, que a menudo trabajan en sectores como el comercio y la hotelería —donde los turnos nocturnos, fines de semana y festivos son frecuentes—, podrían verse desproporcionadamente afectadas. Al aumentar los recargos salariales en estos horarios, las empresas podrían verse obligadas a reducir su personal o a no contratar mujeres, quienes, según estudios, son más propensas a buscar horarios flexibles para equilibrar sus responsabilidades familiares . La reforma, en este sentido, podría agravar el problema de la brecha laboral de género, algo que, paradójicamente, va en contra de los propios objetivos de equidad social del gobierno.
En 2022, Colombia tenía una tasa de desempleo femenino del 14,2%, significativamente superior a la masculina, que era del 8,6% . La propuesta de la reforma, al aumentar los costos laborales para ciertos sectores donde las mujeres tienen una mayor presencia, podría empujar a muchas de ellas fuera del mercado laboral. Esto es algo que ya han advertido organizaciones como Fedesarrollo, que consideran que este tipo de reformas tienden a aumentar las tasas de desempleo en los sectores más vulnerables.
Otro aspecto preocupante de la reforma es que pone en riesgo la competitividad de Colombia en el contexto global. Al encarecer la mano de obra, se crea un desincentivo para la inversión extranjera. Colombia no compite solo con sus vecinos de América Latina, sino también con economías emergentes de Asia y África, que ofrecen condiciones laborales mucho más atractivas para las empresas multinacionales. El exministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, señaló que «la rigidez que impone esta reforma reducirá la capacidad de Colombia para atraer inversión y crear empleos de calidad», algo que el país necesita con urgencia en medio de la desaceleración económica global.
Además, el enfoque proteccionista de la reforma ignora la necesidad de fomentar la innovación en un mundo cada vez más digitalizado. Limitar la flexibilidad de las empresas para contratar y despedir empleados, especialmente en sectores de alta tecnología o de la economía colaborativa, frena la capacidad de adaptación a los cambios tecnológicos y las dinámicas del mercado global.
Así las cosas, la reforma laboral de Petro, aunque tiene buenas intenciones, presenta una serie de riesgos que no pueden ser ignorados. El gobierno, al imponer regulaciones más estrictas sobre el mercado laboral, limita la libertad de las empresas para contratar, despedir y adaptarse a las cambiantes condiciones del mercado. En lugar de empoderar a los trabajadores, estas medidas podrían resultar en una pérdida de empleos, afectando particularmente a las mujeres y a los sectores más vulnerables de la economía.
El camino hacia un mercado laboral más justo no debe pasar por una intervención estatal desmesurada que asfixie a las empresas, sino por políticas que fomenten la creación de empleo, la competencia y la innovación.