Sí eran necesarios los reductores de velocidad en la Transversal 54, ¿pero tantos?
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El desarrollo urbano de Cartagena no puede detenerse. La ciudad arrastra un déficit vial de más de medio siglo y toda obra que busque organizar la movilidad es bienvenida. Sin embargo, no todas las decisiones en materia de tránsito parecen responder a criterios técnicos claros.
Ese es el caso de la Transversal 54, una de las vías más congestionadas de la ciudad en horas pico, donde el Distrito ordenó la instalación de reductores de velocidad. Hasta ahí, la medida podría justificarse: se busca disminuir el riesgo de accidentes y garantizar seguridad vial. El problema no es el qué, sino el cómo.
En lugar de un reductor en puntos estratégicos, se instalaron nueve estructuras, obligando a los conductores a frenar constantemente y haciendo de esta arteria un verdadero cuello de botella. Lo que se suponía sería una solución preventiva, terminó generando un problema mayor: un tránsito más lento, más caótico y con una ciudadanía cada vez más inconforme.
Lo más preocupante es la falta de claridad: ¿se hizo un estudio técnico que justificara la cantidad y ubicación de los reductores? ¿Cuál fue el costo de la obra? ¿Se midieron los impactos en la movilidad antes de ejecutarla? Preguntas válidas que hasta ahora no tienen respuesta.
La administración distrital debe dar la cara y explicar. Cartagena necesita soluciones viales de fondo, no parches que agraven la situación. La seguridad vial es fundamental, pero no puede convertirse en excusa para improvisar obras que terminan afectando a miles de ciudadanos en su día a día.




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