¿Cuántas muertes más deben ocurrir en las vías para tomar medidas?

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La tragedia vuelve a golpear. Este domingo, en el municipio de Turbaco, un hombre identificado como Milton Lambis perdió la vida tras un violento accidente de tránsito, luego de que la motocicleta en la que se movilizaba colisionara contra una buseta de la ruta María La Baja.

No es un caso aislado. No es un hecho menor. Es, lamentablemente, una escena que se repite con demasiada frecuencia en Cartagena y en todo el departamento de Bolívar.

La pregunta es clara y contundente: ¿cuántos muertos más deben registrarse para que haya conciencia real en las vías?

Hoy, conducir una motocicleta se ha convertido en una práctica de alto riesgo, no solo por la vulnerabilidad del vehículo, sino por la irresponsabilidad de muchos conductores.

Es común ver motorizados sin casco, a exceso de velocidad, irrespetando señales de tránsito y poniendo en peligro no solo sus vidas, sino la de peatones y otros actores viales.

Las autoridades han realizado operativos, controles e inmovilizaciones. Sí. Pero la realidad demuestra que no está siendo suficiente.

Aquí hay una verdad incómoda:
los controles por sí solos no cambian conductas arraigadas.
Se necesita ir más allá.

Se requieren acciones más drásticas, sostenidas y ejemplarizantes. Sanciones que realmente duelan, controles permanentes y estrategias que no solo castiguen, sino que transformen la cultura vial.

Pero también se necesita algo que no depende de ninguna autoridad: conciencia individual.
Quien se sube a una motocicleta sin protección, quien acelera sin medir consecuencias, quien ignora las normas, está tomando una decisión que puede costarle la vida.

Y no solo la suya.
Detrás de cada víctima hay una familia esperando en casa. Hay hijos, padres, hermanos que terminan recibiendo una llamada que nadie debería recibir.
La vida no puede seguir perdiéndose en el asfalto por imprudencia.

Este editorial no busca señalar por señalar. Busca sacudir. Porque la realidad es cruda: la próxima víctima puede ser cualquiera.

Es momento de entender que las vías no son una pista de carreras.

Es momento de que las autoridades actúen con más firmeza.

Y es momento de que los motorizados asuman, de una vez por todas, la responsabilidad que implica conducir.

Antes de que sea demasiado tarde.