¿Estupidez o moda?

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Por Oscar Borja
Columnista

Hay palabras que aparecen de repente en las conversaciones de los jóvenes y uno, antes de entenderlas, tiene que buscarlas. Eso me pasó con una de las palabras que hoy está de moda: “aura”. Y, para complicar un poco más la cosa, ahora también dicen “farmeando aura”.

Confieso que al principio pensé que era otra de esas expresiones que nacen en las redes sociales, se vuelven virales y desaparecen tan rápido como llegaron.

Pero después de buscar qué significa, me puse a pensar que detrás de esta palabra puede haber mucho más que una simple moda.

“Farmear aura” viene de la idea de acumular puntos de aura mediante comportamientos que proyectan seguridad, personalidad, estilo, carácter o incluso cierta superioridad. Es como si la vida se hubiera convertido en un videojuego y cada actuación sumara o restara puntos.

Una entrada espectacular, una respuesta ingeniosa, una forma particular de vestir, una fotografía, una mirada, una actitud o simplemente conservar la calma cuando todos pierden la cabeza puede convertirse en una manera de ganar aura.

Esta puede ser una nueva manera de nombrar algo que ha existido siempre: la necesidad del ser humano de ser reconocido.

Antes hablábamos de prestigio, reputación, personalidad, elegancia, carácter o presencia. Hoy las nuevas generaciones dicen “aura”. Cambió la palabra, pero tal vez no cambió la necesidad.

El problema aparece cuando la apariencia reemplaza al contenido.

Cuando importa más parecer inteligente que serlo; parecer exitoso que trabajar para conseguirlo; parecer interesante que tener algo interesante que decir.

Las redes sociales han convertido la vida en una especie de vitrina. Todos quieren mostrar lo que tienen, lo que hacen, dónde están y hasta cómo deben sentirse los demás frente a ellos.

En ese escenario, “farmear aura” puede convertirse en una competencia permanente por llamar la atención y obtener aprobación.

Quizás “farmeando aura” sea el lenguaje de una generación que creció entre videojuegos, memes, redes sociales e inteligencia artificial; una generación que aprendió a construir su identidad frente a una audiencia que observa, comenta, aprueba o cancela.

El problema no está en querer ser reconocido, sino en necesitar permanentemente que otros nos digan cuánto valemos o cuanta aura tenemos.

Porque cuando vivimos para agradar, dejamos de cuestionar y de mirar al mundo desde la crítica, y empezamos a vivir desde la complacencia.

Y cuando un joven deja de pensar por sí mismo para agradarle a todo el mundo, pierde el criterio, pierde la personalidad y, definitivamente, pierde -1.000 de aura.