CRÓNICA HUMANA | Veinte días después del accidente en Carioca, una madre venezolana y sus hijas siguen sufriendo: necesitan ayuda

Una niña de 7 años espera una cirugía de pierna, mientras su madre enfrenta el dolor, las deudas y la incertidumbre de no saber cómo salir adelante.

Han pasado 20 días desde el accidente de tránsito ocurrido el lunes 5 de octubre, a las 7:00 de la noche, en la entrada de Carioca. Cuatro personas resultaron heridas, entre ellas dos menores de edad. Sin embargo, para una de las familias afectadas, la tragedia está lejos de terminar.

Detrás de aquel siniestro hay una historia de dolor, desamparo y lucha por sobrevivir. Es la historia de Sureika Semeco, una madre venezolana, soltera y migrante, que hoy necesita una mano amiga para enfrentar las consecuencias de un accidente que cambió la tranquilidad de su hogar.

Una niña de 7 años espera una cirugía mientras el dolor no da tregua

Sureika relata que aquella noche se movilizaba junto a sus dos hijas menores de edad y una amiga cuando, presuntamente, un conductor en estado de embriaguez las atropelló en la entrada de Carioca.

El impacto dejó a las cuatro personas heridas, con fracturas, golpes y contusiones.

La escena más dolorosa para esta madre fue ver a su pequeña hija de apenas 7 años quedar debajo del automóvil. La niña sufrió una fractura en una de sus piernas y golpes en la cabeza.

Veinte días después, las consecuencias de aquel momento continúan marcando la vida de la familia. Según el testimonio de Sureika, su hija permanece hospitalizada y debe ser sometida a una cirugía en la pierna. Desde el accidente, asegura, la pequeña no ha podido dormir bien debido al dolor.

Una niña debería estar jugando, sonriendo y disfrutando de su infancia, pero hoy enfrenta el sufrimiento de una lesión que requiere atención médica.

La madre tampoco ha logrado recuperarse completamente. Las heridas que sufrió le obligaron a recibir múltiples puntos de sutura y los dolores que todavía padece le han impedido regresar al trabajo.

El dolor físico y la angustia de no tener cómo responder

A las lesiones se suma una realidad que golpea con fuerza: la falta de ingresos y la acumulación de deudas y compromisos económicos.

Sin poder trabajar como antes, Sureika debe enfrentar los gastos y las preocupaciones de su hogar, mientras acompaña a su hija durante este difícil proceso de recuperación.

En medio de su relato, expresa su tristeza porque, según afirma, las personas señaladas como responsables del accidente no se han pronunciado para brindarle ayuda.

Su amiga, quien también resultó herida, ya adelanta trámites para buscar asistencia por las vías legales. Sin embargo, Sureika dice sentirse desprotegida y teme que su situación migratoria le impida reclamar sus derechos.

“Un abogado me dijo que, por mi condición de migrante irregular, no podía hacer nada”, cuenta con preocupación.

Cuatro años en Cartagena y una lucha que no termina

Sureika lleva cuatro años viviendo en Cartagena. Es madre de tres niños y, según explica, sus hijos cuentan con el Permiso por Protección Temporal (PPT), pero ella todavía no ha logrado regularizar su propia situación migratoria.

Asegura que no ha podido obtener su documento ni encontrar la orientación necesaria para avanzar en los trámites correspondientes.

Esta situación aumenta su angustia. A las preocupaciones por la salud de sus hijas se suman la incertidumbre jurídica, la imposibilidad de trabajar por sus lesiones y el temor de no contar con las herramientas necesarias para defender sus derechos.

Pero su historia también pone sobre la mesa una realidad que merece atención: la condición migratoria de una persona no debería convertirse en una barrera para buscar orientación, recibir atención médica o conocer las alternativas legales disponibles cuando ha sido víctima de un accidente.

La situación particular de Sureika requiere asesoría jurídica que evalúe los hechos, las pruebas y las vías legales aplicables, sin dar por hecho que su condición migratoria la deja sin posibilidades de reclamar.

Hoy, Sureika necesita que alguien la escuche

En medio del dolor, esta madre sigue sacando fuerzas para acompañar a sus hijas y tratar de mantener en pie a su familia.

No pide que el mundo resuelva todos sus problemas de un día para otro. Su situación merece, al menos, solidaridad, orientación y acompañamiento para que pueda afrontar la recuperación de sus pequeñas y encontrar una salida a las dificultades que hoy la agobian.

Por eso, hacemos un llamado a las personas solidarias, fundaciones, organizaciones sociales, entidades de atención a migrantes y profesionales del derecho para que conozcan su caso y evalúen de qué manera pueden brindarle apoyo.

Se necesita orientación jurídica, acompañamiento para revisar su situación migratoria, ayuda humanitaria y, especialmente, apoyo para afrontar las necesidades que surjan durante la recuperación de su hija.

También es importante que las autoridades competentes conozcan lo ocurrido y que, si corresponde, se investiguen las circunstancias del accidente y las posibles responsabilidades.

Detrás de una noticia hay una familia. Detrás de una cifra de personas heridas hay una niña que siente dolor, una madre que no puede trabajar y tres pequeños que necesitan que su hogar vuelva a tener tranquilidad.

Veinte días después del accidente en Carioca, la emergencia de Sureika no ha terminado. Su hija sigue esperando una cirugía y ella intenta encontrar una salida en medio de la incertidumbre.

Hoy, la solidaridad puede marcar una diferencia.

¿Quién puede tenderle una mano a Sureika y a sus hijas? A veces, una orientación oportuna, una ayuda concreta o una puerta que se abre puede convertirse en el comienzo de una nueva esperanza.