Kelly Marín Sarrieta: la mujer policía que desafía el peligro para proteger a Cartagena
Con 10 años de servicio en la Policía Nacional y ocho en el Grupo de Operaciones Especiales (GOES), esta barranquillera de 35 años ha demostrado que la valentía, la honestidad y la fe no tienen género.
Su historia está marcada por el sacrificio familiar, más de 50 capturas y el sueño de liderar una unidad especializada de la Policía Metropolitana de Cartagena.
Hay mujeres que nacieron para desafiar sus propios miedos, romper barreras y demostrar que los sueños se conquistan con determinación. Una de ellas es la patrullera Kelly Marín Sarrieta, una barranquillera de 35 años que cambió la tranquilidad de una vida convencional por el desafío de vestir el uniforme de la Policía Nacional y enfrentar, cada día, los riesgos del servicio.

Desde hace ocho años integra el Grupo de Operaciones Especiales (GOES) de la Policía Metropolitana de Cartagena, una unidad preparada para intervenir en situaciones de alto riesgo, donde la disciplina, la resistencia física y la capacidad de reacción son fundamentales para proteger la vida de los ciudadanos.
Sin embargo, su historia no comenzó entre armas, entrenamientos y procedimientos policiales. Sus primeros sueños nacieron en un hogar humilde de Barranquilla, donde aprendió que el sacrificio de los padres puede convertirse en la mayor motivación para salir adelante.
Una infancia marcada por el esfuerzo y el amor de sus padres
Su padre recorría las calles vendiendo periódicos, mientras su madre dedicaba gran parte de su vida al cuidado de niños, incluso acogiendo a pequeños en condición de vulnerabilidad. Entre las dificultades económicas, el trabajo diario y las enseñanzas familiares, Kelly comprendió el verdadero significado de servir a los demás.
Pero su decisión de convertirse en policía no fue recibida inicialmente con alegría. Su madre conocía los peligros de la profesión y temía que alguno de sus hijos ingresara a las filas de la institución. En muchas ocasiones, Kelly la encontraba arrodillada, elevando oraciones a Dios para que sus hijos no tuvieran que enfrentar los riesgos de esa carrera.
A pesar de esos temores, la joven tenía clara su meta: quería vestir el uniforme verde oliva y, especialmente, brindarles a sus padres una mejor calidad de vida.
“Yo quería ingresar a la Policía para ayudarlos, para que ellos dejaran de trabajar. Así como ellos hicieron tanto por mí, yo quería hacer lo mismo por ellos”, recuerda con emoción.
Y lo consiguió.
Kelly ingresó a la Policía Nacional, se formó en la Escuela de Policía Carlos Eugenio Restrepo, en Medellín, y comenzó a construir una trayectoria que hoy suma diez años de servicio. Con esfuerzo y dedicación alcanzó uno de sus mayores propósitos: comprarles una casa a sus padres.
La madre que inicialmente temía verla uniformada terminó convirtiéndose en una de sus más grandes admiradoras. Kelly recuerda con especial cariño el abrazo que recibió cuando su progenitora supo que había logrado ingresar a la institución. Fue un momento de emoción y orgullo por ver a su hija cumplir el sueño que tanto había perseguido.
Pero la vida le tenía preparada una de sus pruebas más dolorosas. En 2016, su madre falleció, dejando un vacío imposible de llenar y una enseñanza que Kelly conserva como fuente de fortaleza: la fe en Dios y el amor por los demás.
Hoy, su padre y sus hermanos permanecen en Barranquilla, mientras ella continúa escribiendo su historia en Cartagena, ciudad que considera parte del propósito que Dios tiene para su vida.
Una mujer en el mundo de las operaciones especiales
Hace ocho años, Kelly recibió la oportunidad de integrar el Grupo de Operaciones Especiales (GOES) de la Policía Metropolitana de Cartagena, una unidad cuyos integrantes deben estar preparados para afrontar procedimientos complejos y situaciones que exigen una respuesta inmediata.
Al principio sintió temor. No por falta de capacidad, sino porque observaba un entorno predominantemente masculino y se preguntaba si lograría adaptarse a las exigencias de aquella unidad especializada.
“Yo no quería pertenecer a ese grupo porque solamente veía hombres. Pero mis compañeros me decían: ‘Kelly, tú eres buena, no tengas miedo’”, relata.
Las palabras de sus compañeros le ayudaron a fortalecer la confianza en sí misma. Con la fe que su madre le inculcó desde pequeña y la determinación de demostrar sus capacidades, decidió aceptar el reto.
“Hay que demostrar de qué estamos hechas las mujeres. No tenemos que tener miedo, sino salir adelante”, afirma con convicción.
Desde entonces, ha participado en procedimientos de alta complejidad que demandan preparación táctica, resistencia física, concentración y capacidad de reacción. Su trayectoria incluye más de 50 capturas, experiencias que han fortalecido su compromiso con la seguridad ciudadana y su vocación de servicio.
Pero entre las operaciones que recuerda hay una que ocupa un lugar especial en su memoria: el procedimiento de captura de la mujer conocida con el alias de La Madame, relacionado con un caso de explotación sexual de menores de edad que conmocionó a Cartagena.
La operación en la que puso a prueba su honestidad
Durante aquel procedimiento, Kelly tenía la responsabilidad de brindar seguridad a la capturada. Según su relato, mientras la mujer se cambiaba de ropa, le pidió que abriera una maleta y le ofreció quedarse con todo su contenido.
Al verificarla, encontró dinero en dólares.
La situación representó una prueba que iba más allá de su preparación operativa. Frente a aquella propuesta, su respuesta fue contundente: no.
Kelly rechazó el ofrecimiento y se mantuvo firme en sus principios, convencida de que la honestidad es uno de los valores fundamentales de quien porta el uniforme de la Policía Nacional.
La experiencia dejó una huella en su trayectoria, no solamente por su participación en un procedimiento relacionado con hechos que afectaban gravemente a niñas y adolescentes, sino también porque le permitió reafirmar una convicción personal: la integridad de una policía no está en venta.
Para ella, el cumplimiento del deber no depende únicamente de la capacidad para enfrentar el peligro, sino también de la firmeza para tomar decisiones correctas, incluso cuando nadie parece estar observando.
El sueño de convertirse en comandante del GOES
En medio de las exigentes jornadas de operaciones especiales, Kelly se ha ganado la confianza de sus compañeros gracias a su disposición, disciplina y permanente estado de alerta.
Se describe como una mujer activa, siempre pendiente de la seguridad de quienes trabajan a su lado. Sabe que el éxito de una operación no consiste únicamente en cumplir una misión, sino también en garantizar que todos puedan regresar sanos y salvos a sus hogares.
Sin embargo, sus aspiraciones profesionales van más allá de la experiencia acumulada en el terreno. La patrullera se prepara para asumir un nuevo desafío: realizar su curso de ascenso y continuar creciendo dentro de la institución.
Su mayor anhelo es regresar a Cartagena y seguir vinculada al Grupo de Operaciones Especiales, esta vez con la posibilidad de asumir responsabilidades de mando.
Su sueño es convertirse en comandante del GOES de la Policía Metropolitana de Cartagena.
La meta representa mucho más que un ascenso. Para Kelly, sería una oportunidad de demostrar que las mujeres tienen las capacidades para liderar unidades especializadas y responder a los desafíos más exigentes del servicio policial.
Su aspiración también refleja el camino recorrido desde aquella joven que dudaba de si podría desenvolverse en un grupo integrado mayoritariamente por hombres, hasta la mujer que hoy se proyecta como líder y referente para otras uniformadas.
“Si Dios tiene algo diferente para mí, es porque tiene otro propósito”, asegura con la tranquilidad de quien ha aprendido a confiar en su camino.
Una historia de valentía que inspira a otras mujeres
Detrás del uniforme de la patrullera Kelly Marín Sarrieta hay una historia de sacrificio, amor familiar, pérdida y superación. Es la historia de una mujer que soñó con darles una casa a sus padres, que enfrentó los temores de su familia, que encontró fuerzas para continuar después de perder a su madre y que convirtió el servicio policial en una manera de honrar sus enseñanzas.
Su mensaje para las mujeres y para quienes desean alcanzar sus metas es sencillo, pero poderoso:
“Que no les dé miedo luchar por sus sueños. La valentía y el coraje los lleva uno por dentro, pero ante todo hay que pedirle mucho a Dios”.
Kelly representa a las mujeres policías que, con preparación, sensibilidad y carácter, se abren camino en escenarios donde históricamente ha predominado la presencia masculina.
Mujeres que demuestran que la fortaleza también tiene rostro femenino y que el verdadero valor de portar un uniforme está en la capacidad de proteger, servir y actuar con honestidad.
Para esta patrullera, ser policía no es simplemente una profesión. Es una promesa de vida, un homenaje permanente a su madre, un compromiso con Cartagena y un sueño que todavía tiene muchas páginas por escribir.
Mientras se prepara para alcanzar las insignias y responsabilidades que anhela, Kelly Marín Sarrieta continúa demostrando, en cada misión, que el coraje de una mujer también forma parte de la fuerza que protege a Colombia.
Su historia es un reconocimiento a las mujeres que enfrentan el peligro con determinación, que encuentran en la vocación de servicio una razón para levantarse cada día y que demuestran que no existen sueños imposibles cuando se trabaja con disciplina, honestidad y fe.
Porque detrás de cada uniforme hay una historia, y la de Kelly Marín Sarrieta es la de una mujer que convirtió sus sueños en servicio y su valentía en un compromiso con la seguridad de Cartagena.


