A 26 años de la Masacre de El Salado: el día en que el terror silenció a todo un pueblo
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El 18 de febrero de 2000 quedó marcado como una de las fechas más oscuras del conflicto armado en Colombia.
Ese día, el corregimiento de El Salado, en jurisdicción de El Carmen de Bolívar, fue tomado por hombres armados de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), quienes desataron una jornada de horror que estremeció a los Montes de María y al país entero.
Durante varios días, los paramilitares recorrieron calles y viviendas señalando a campesinos, líderes comunitarios y pobladores humildes de supuestos vínculos con la guerrilla.
En la plaza del pueblo, frente a sus vecinos y familiares, perpetraron asesinatos, torturas y actos de barbarie que dejaron aproximadamente 60 personas muertas.
No fue un crimen oculto: fue una masacre pública, ejecutada para sembrar miedo colectivo.
El terror no terminó con los disparos. Hubo saqueos, amenazas y humillaciones. La violencia obligó al desplazamiento masivo de casi toda la población.
El Salado quedó vacío, herido, silenciado. Años después, el Estado reconoció su responsabilidad parcial por omisión y por no haber actuado pese a las alertas tempranas que advertían el riesgo inminente.
La masacre se convirtió en símbolo del horror paramilitar en Colombia. Representa el dolor de cientos de familias fracturadas, el abandono estatal y la devastación del tejido social.
Pero también es símbolo de resistencia. Con el paso del tiempo, sus habitantes han regresado, reconstruyendo viviendas, recuperando tradiciones y levantando su memoria con dignidad.
Recordar hoy la Masacre de El Salado no es abrir una herida: es impedir que cicatrice en el olvido. Es honrar a las víctimas, exigir justicia y reafirmar el compromiso con la no repetición.
En una región golpeada históricamente por la guerra, la memoria es el acto más poderoso de resistencia.




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