Cartagena y Santa Marta: dos gigantes del turismo colombiano

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Se acabó lo que conocemos como la temporada alta de turismo. Un período que, pese a las dificultades económicas, terminó dejando buenas noticias para uno de los sectores clave de la economía nacional: el turismo.

Cartagena volvió a lucirse. El cierre de año fue contundente: la ciudad recibió un alto número de visitantes nacionales y extranjeros, hoteles llenos, playas colmadas y un Centro Histórico que, como pocas veces, volvió a sentirse como el corazón palpitante de una ciudad que vive del asombro de quienes la visitan.

Este buen momento se extendió hasta ayer, cuando oficialmente se dio por terminada en todo el país la llamada temporada alta.
Pero Cartagena no estuvo sola en este protagonismo. Otro gran referente del turismo colombiano, sin lugar a equívocos, fue Santa Marta. La capital del Magdalena también estuvo altamente visitada y confirmó que su atractivo sigue creciendo, no solo por sus playas, sino por la experiencia integral que ofrece.

Dos ciudades, muchos paralelos
Hablar de Cartagena y Santa Marta es hablar de dos ciudades que tienen mucho en común: historia, mar, paisajes y sitios turísticos que son prácticamente obligatorios. Estar en cualquiera de las dos y no recorrerlos es, en la práctica, como decir que no se salió de vacaciones.

Pero también hay que saber mirar las diferencias. Y aprovechar lo mejor de cada destino.

Uno de los puntos que más valoran los visitantes —aunque pocas veces se diga en voz alta— es el orden que las autoridades logran imprimirle a la ciudad. Y en ese aspecto, sin temor a equivocarnos, Santa Marta fue más organizada que Cartagena durante esta temporada.

En ambas hubo trancones y dificultades de movilidad, pero la capital del Magdalena supo manejar mejor este aspecto, quizá porque cuenta con más y mejores vías, o quizá porque existe una mayor cultura ciudadana en la convivencia vial.

Detalles que también son turismo
Hubo algo que llamó especialmente la atención: el respeto en el uso del transporte público en Santa Marta. Allí parece que el Manual de Carreño todavía tiene vigencia. Muchos usuarios saludan al subir al bus. Es un gesto simple, pero poderoso: transmite orden, respeto y hasta una mayor sensación de seguridad.

Es una costumbre que Cartagena prácticamente ha perdido y que valdría la pena rescatar. El turismo no solo se construye con hoteles y playas bonitas, también con pequeños comportamientos cotidianos que hacen más amable la experiencia.

Las noches, el mar y la gente
El horario de cierre de playas es similar en ambas ciudades. Sin embargo, en las dos ocurre lo mismo: la gente se queda conversando, disfrutando de la noche, de la brisa y de ese diálogo eterno entre el mar y la arena cuando las olas llegan y se retiran. Ese vaivén es una terapia natural para el cuerpo y para la mente.

Tal vez valga la pena pensar en permitir, siempre que se respeten las normas, que las personas puedan permanecer más tiempo en las playas.

Lo que ocurre en Taganga es un ejemplo fascinante. Allí las playas prácticamente no tienen horario de cierre. Familias, parejas y viajeros llegan a disfrutar de la complicidad entre la noche y el mar. Es hermoso ver las lanchas fondeadas a pocos metros de la orilla, meciéndose con la brisa, y observar el respeto que se tiene por ese pedazo de mar donde muchos van simplemente a vivir un momento majestuoso con la naturaleza.


En Cartagena no existe hoy una zona con esa vocación nocturna tan clara. Tal vez podría pensarse en crear un espacio similar, donde cartageneros y visitantes puedan disfrutar de las noches, la brisa, las embarcaciones y el paisaje. Sería, sin duda, un nuevo punto turístico para la Heroica.

Cascada del Bonda, en Santa Marta.

Un privilegio y una responsabilidad
Lo único completamente cierto es esto: las actuales administraciones de Cartagena y Santa Marta son privilegiadas. Tienen en sus manos el destino de dos ciudades que ya están en la retina mundial del turismo.
Eso implica una enorme responsabilidad: seguir trabajando para competir como destinos globales, pero también para complementarse, para aprender una de la otra y para construir experiencias que, unidas, fortalezcan la imagen de Colombia como un país verdaderamente maravilloso para visitar.
Porque al final, el turista no elige solo una ciudad. Elige un país. Y en ese país, Cartagena y Santa Marta están llamadas a brillar juntas.