Concejo insensible: un llamado al corazón de Cartagena

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Por Jacqueline Perea Blanco

Lo ocurrido ayer (24 de julio) en el recinto del Concejo Distrital de Cartagena no puede quedar como una simple jornada más de debate político. Lo que allí se vivió fue mucho más que eso. Fue un grito desesperado de madres, mujeres y ciudadanos que clamaron ayuda frente a una situación de inseguridad que les está arrebatando la vida, la paz, los hijos, los sueños.

Pero lo más doloroso fue ver cómo ese grito cayó en oídos sordos. El Concejo de Cartagena, lamentablemente, dio muestras de una profunda insensibilidad. Hubo dolor, llanto, impotencia, rabia y tristeza. Y, pese a ello, fueron muy pocos —dos o tres concejales— los que se atrevieron a ir más allá del libreto del debate de control político. Ninguna voz se alzó con firmeza, ninguna mano se tendió para abrazar a esas madres que, entre sollozos, suplicaban por respuestas y por justicia.

¿Dónde estaban los gestos de humanidad? ¿Dónde estuvo esa empatía que tanto se exige a quienes nos representan? El silencio fue ensordecedor. No quiero pensar que ese mutismo tenga que ver con el miedo a perder privilegios o prebendas políticas. Sería lamentable, aunque no sorprendente.

Lo que ocurrió no fue una escena más. Fue una advertencia, un reflejo del abandono. Y fue también una oportunidad perdida para exigir al Gobierno Nacional que mire con otros ojos a Cartagena. Sí, esta ciudad brilla, pero no todo lo que brilla es oro. Y en materia de seguridad, estamos fallando.

Yo misma hice un comentario en redes sociales que al parecer desató tempestades. Lo hice como ciudadana, como madre cabeza de hogar, como mujer que no se queda callada cuando algo no está bien. Y miren hasta dónde ha llegado esto: hoy, desde la Fundación Mujer Energía, que todo lo transforma, también se pide la cabeza del funcionario responsable de la seguridad. No por capricho, sino porque la comunidad así lo exige.

Esto no se trata de estar contra la administración. Lo repito con claridad: yo apoyo a esta administración, pero el apoyo no puede ser incondicional cuando hay errores que corregir. Reconocer fallas no es traición, es grandeza. Hacer una introspección no debilita, fortalece. La seguridad en Cartagena necesita mucho más que discursos bonitos y cifras maquilladas.

Al Concejo de Cartagena, le digo con contundencia: ayer (24 de julio) fueron insensibles. Perdieron la oportunidad de ser aliados, de ser puentes, de ser humanos. A la administración distrital, le reitero: estaré vigilante, crítica, pero también dispuesta a apoyar todo lo que realmente sume a esta ciudad.

Y a las madres que alzaron su voz entre lágrimas, sepan que no están solas. Yo también lloré con ustedes. Yo también sentí ese dolor. Y desde este espacio, les digo: su lucha es también la mía. Porque Cartagena merece más. Porque la vida de nuestros hijos no se negocia. Porque hay que hacer mucho más por la seguridad. Y hay que hacerlo ya.