El país en el limbo: entre marchas, polarización y la urgencia del relevo
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Colombia se encuentra, una vez más, transitando por el filo de la navaja.
La tensión política no da tregua y el calendario parece haberse convertido en un campo de batalla de fechas simbólicas.
El presidente saliente, Gustavo Petro Urrego, ha convocado a una gran movilización nacional para este próximo 20 de julio, el mismo día en que el país conmemora su fiesta patria.
Un llamado que llega en un ambiente enrarecido, marcado por una profunda crisis de legitimidad donde el mandatario no reconoce al gobierno entrante, insistiendo en que «Abelardo» no ganó las elecciones.
Las mayorías nacionales quedan así convocadas este 20 de julio a dar el «grito de la independencia nacional» en todas las plazas públicas.
Para muchos ciudadanos, esta constante apelación a la calle en una fecha tan significativa no es más que gasolina sobre el fuego.
El presidente Petro parece haberse encargado de echar leña todos los días a la caldera social, convirtiendo a Colombia en una bomba de tiempo a punto de explotar.
Con este panorama, es inevitable sentir un frío en el espinazo al pensar en lo que pueda suceder este 20 de julio, y peor aún, el próximo 7 de agosto. ¿Hacia dónde nos lleva esta agitación permanente?
Si algo definirá la gestión de Petro —y que se agudizó a lo largo de estos cuatro años— fue su decisión de gobernar desde la trinchera digital de su red social X (antes Twitter).
Allí, el mandatario libró una lucha sin cuartel, un combate diario de más de 280 caracteres que, lejos de solucionar los problemas estructurales de la nación, solo sirvió para profundizar la polarización y fracturar aún más a una sociedad ya de por sí dividida.
Ante este escenario de confrontación perpetua, cabe hacer una pausa y lanzar un consejo directo —un consejo sano, si se quiere— tanto para el presidente saliente como para el expresidente Álvaro Uribe Vélez.
Señores, ya es hora. Dejen de pretender ser el centro gravitacional de la política en Colombia.
El país necesita respirar, renovarse y buscar consensos sin las sombras del pasado inmediato ni del presente radical. Dedíquense a cuidar a sus nietos.
El tiempo que la política y el fragor de la batalla les arrebató es recuperable en la calidez del hogar, al lado de los suyos.
Den un paso al costado y permitan que Colombia intente sanar sus heridas, lejos de sus egos y de sus cuentas de X.
Su tiempo de liderar ya pasó; ahora les toca el turno de ser abuelos y dejar que el país camine sin sus tutelas.




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