¿Está preparada Colombia para responder ante un terremoto de gran magnitud?
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Los recientes sismos registrados en Venezuela reabrieron el debate sobre la capacidad de respuesta de los países de la región ante una emergencia de gran magnitud.
Los fuertes movimientos telúricos registrados recientemente en Venezuela no solo pusieron a prueba la capacidad de respuesta del país vecino, sino que también reactivaron una pregunta inevitable para Colombia: ¿qué tan preparada está para enfrentar una emergencia similar?
La respuesta, según especialistas en gestión del riesgo, es que el país ha logrado avances significativos en materia institucional, pero aún mantiene brechas importantes en la preparación de empresas, comunidades y ciudadanos, precisamente quienes conforman la primera línea de respuesta durante las horas más críticas posteriores a un terremoto.
Colombia cuenta hoy con un Sistema Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, organismos especializados de atención de emergencias, protocolos de coordinación y ejercicios periódicos como el Simulacro Nacional de Respuesta a Emergencias, que cada año moviliza a millones de personas. Sin embargo, la efectividad de este sistema depende, en gran medida, de que cada organización y cada familia sepa cómo actuar antes, durante y después de un evento de gran magnitud.
«Si hoy ocurriera en Colombia un terremoto de características similares a los registrados recientemente en Venezuela, el país tendría una mejor capacidad institucional para responder que hace algunos años.
Aunque Colombia ha fortalecido sus protocolos institucionales y sus organismos de atención, especialistas aseguran que aún existen importantes desafíos en materia de prevención, entrenamiento y cultura del riesgo.
Sin embargo, la verdadera pregunta no es si las autoridades están preparadas, sino si las personas, las empresas y las comunidades saben qué hacer durante las primeras horas de una emergencia, cuando cada decisión puede marcar la diferencia entre proteger una vida o aumentar el riesgo», afirma Carolina López Pérez, gerente técnica para Latinoamérica de SACS Group.
Para la compañía, especializada en entrenamiento de brigadas de emergencia y respondedores en América Latina, uno de los principales desafíos sigue siendo cerrar la brecha entre los protocolos escritos y la capacidad real de ejecutarlos.
Aunque muchas organizaciones cuentan con planes de emergencia, no siempre realizan entrenamientos periódicos, simulaciones realistas o evaluaciones que permitan verificar si sus equipos están preparados para responder bajo condiciones de presión.
La experiencia internacional demuestra que los primeros minutos después de un terremoto son determinantes. En ese periodo, antes de que lleguen los organismos especializados, son los brigadistas, trabajadores, vecinos, docentes y ciudadanos quienes realizan las primeras acciones de evacuación, atención básica, comunicación y apoyo a las personas afectadas.
Por eso, la preparación de la comunidad se convierte en un factor tan importante como la capacidad operativa del Estado.
«La diferencia entre una emergencia controlada y un desastre de grandes proporciones no depende únicamente de la magnitud del sismo.
Depende, sobre todo, del nivel de preparación previo. Cuando las personas conocen las rutas de evacuación, han participado en simulacros, identifican los riesgos de su entorno y saben cómo actuar, la capacidad de respuesta mejora significativamente y se reducen las posibilidades de pérdidas humanas», agrega López Pérez.
SACS Group señala que fortalecer esa preparación implica trabajar de manera permanente en cuatro frentes: mantener actualizados los planes de emergencia, entrenar de forma continua a las brigadas, realizar simulacros que reproduzcan escenarios reales y promover una cultura de autoprotección que involucre también a las familias.
La preparación no debe entenderse como un requisito para cumplir una norma, sino como una estrategia para proteger la vida y garantizar la continuidad de las operaciones cuando ocurre una emergencia.
Entre las acciones que cualquier organización debería revisar desde hoy se encuentran la actualización de los protocolos de evacuación, la verificación de los puntos de encuentro, la conformación de brigadas entrenadas en primeros auxilios y control inicial de emergencias, la disponibilidad de equipos básicos para responder durante las primeras horas y la socialización permanente de los procedimientos con todos los colaboradores.
En los hogares, contar con un plan familiar, un kit de emergencia y conocer las zonas seguras puede marcar una diferencia significativa.
Los recientes acontecimientos en Venezuela son un recordatorio de que los terremotos hacen parte de la realidad geológica de la región y que no es posible predecir cuándo ocurrirán.
Frente a ese escenario, la preparación continúa siendo la herramienta más efectiva para reducir su impacto.
Para SACS Group, el verdadero nivel de preparación de un país no se mide únicamente por la capacidad de sus instituciones, sino también por la forma en que ciudadanos, empresas y comunidades responden cuando cada segundo cuenta.




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