Dime con quién andas y te diré quién eres
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«No os dejéis engañar: Las malas compañías corrompen las buenas costumbres» (1 Corintios 15:33).
La compañía y las conversaciones que mantenemos tienen más influencia en cómo pensamos y nos comportamos que las lecciones que aprendemos.
El Apóstol está citando un dicho griego popular para dejarle saber a los Cristianos de Corinto que, aunque ya les había enseñado la sana doctrina en relación a la resurrección corporal de los santos, debido a que varios miembros mantenían malas amistades y malas conversaciones, su doctrina estaba siendo corrompida.
¿Cuál es la lección para nosotros?
Por muy buen maestro que tengas y por muy sólida que sea tu doctrina, si no eliges bien a tus amigos y tus conversaciones cotidianas, te corromperás y, a través de ti, también corromperás a otros.
¿Qué tipo de compañía debemos evitar?
- Chismosos y divulgadores de secretos (Proverbios 20:19).
- Gente malhablada, morbosa y vulgar (Efesios 4:29).
- Personas insumisas que desprecian la autoridad (Proverbios 17:11).
- Habladores ociosos cuya conversación siempre gira en torno a cosas mundanas, no se deleitan en las cosas celestiales (Judas 1:18-19).
- Herejes que desprecian la sana doctrina y siempre están tratando de aprender «algo nuevo» por sí mismos, despreciando la doctrina de la Iglesia y lo que los padres han dicho (Tito 1:10-11/Romanos 16:17-18).
Bien comienzan los Salmos con el mejor consejo para la vida buena y justa:
– «¡Cuán dichoso es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su deleite» (Salmos 1:1).
¿Quieres ser feliz? Evita las malas compañías y las conversaciones inútiles. Entonces, cualquier buena enseñanza que recibes, producirá mucho fruto.
¡Huye de las ratas! ¡Se comen tus tesoros!
Sacado de la red, derecho del autor.




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