Colombia necesita empleo, no más polarización. Urge una gran «Reforma Laboral», con buenos resultados

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Por Carlos Serrano Sierra

El hundimiento de la reforma laboral del presidente Gustavo Petro en el Congreso no es solo un revés legislativo; es una señal clara de que el país rechaza la imposición y la confrontación. No obstante, en lugar de reconocer los errores de su propuesta y abrir la puerta a un diálogo constructivo, el gobierno ha respondido con su estrategia habitual: culpar a «las élites», llamar a la movilización en las calles y alimentar aún más la polarización.

Pero Colombia no necesita más divisiones. Necesita soluciones. Y en materia laboral, la única solución real es una reforma que genere empleo, formalización y crecimiento económico para todos.

Hoy, más de tres millones de colombianos están desempleados y 14,5 millones trabajan en la informalidad. En muchas regiones del país, especialmente en municipios y veredas pobres, la situación es aún más crítica. En estas zonas, la informalidad laboral supera el 80% y el empleo formal es un privilegio de unos pocos. Allí, hablar de derechos laborales sin hablar de generación de empleo es una ilusión.

El problema es estructural y no se soluciona con discursos ideológicos ni con reformas que solo benefician a una parte del país. Se necesita un modelo que impulse la inversión, fomente la formalización y brinde oportunidades reales a los colombianos que hoy sobreviven en la informalidad.

La reforma laboral del gobierno tenía un gran defecto: aumentaba los costos laborales sin generar empleo. En un país donde la mayoría de los trabajadores están en la informalidad, imponer más cargas a los empresarios solo desincentiva la contratación y agrava la crisis laboral.

El gobierno se equivoca al tratar a todas las empresas por igual. No es lo mismo una gran multinacional que una pequeña tienda en un municipio olvidado. Muchas micro y pequeñas empresas no pueden absorber los costos adicionales que proponía la reforma, lo que hubiera llevado a más despidos, menos contrataciones y un aumento de la informalidad.

El Congreso entendió esto y rechazó la reforma. La pregunta ahora es: ¿seguirá el gobierno en su actitud confrontativa o entenderá que es momento de buscar consensos?

Colombia necesita una reforma laboral, pero no cualquier reforma. Necesita una que realmente resuelva los problemas del país y que nazca del consenso entre todos los sectores: empresarios, trabajadores, formales e informales, desempleados, grandes, medianos y pequeños negocios.

En lugar de castigar a las empresas con más costos, hay que premiarlas si formalizan a sus trabajadores. Beneficios fiscales y subsidios pueden ser la clave para reducir la informalidad. No se puede tratar a una pequeña panadería de barrio igual que a una multinacional. Es necesario permitir modelos de contratación que se adapten a la realidad de cada sector. Muchos trabajadores informales no tienen acceso a educación técnica o formación profesional. Invertir en capacitación es clave para que más colombianos puedan acceder a empleos formales. Sin desarrollo económico en los municipios y veredas, el empleo formal seguirá siendo un privilegio de las grandes ciudades. Hay que llevar infraestructura, conectividad y apoyo a los emprendedores de estas zonas.

El presidente Petro tiene dos opciones: seguir culpando a los demás de sus fracasos o asumir con humildad que es momento de construir una reforma laboral basada en consensos. Si realmente quiere mejorar las condiciones de los trabajadores, debe dejar de ver a los empresarios como enemigos y empezar a trabajar con ellos. Porque sin empresas no hay empleo. Y sin empleo, no hay derechos laborales que valgan.

Colombia no necesita más marchas ni más polarización. Necesita empleo, estabilidad y confianza. Es hora de que el gobierno lo entienda.