Tragedia: Una moto apagó la vida de Julio Movilla, un reconocido vendedor del Centro de Cartagena

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La madrugada de este martes 31 de marzo se llevó en silencio la vida de Julio Movilla, un hombre de 75 años que durante décadas hizo del rebusque diario en el Centro Histórico su forma de existir.

Su historia, marcada por el trabajo constante, terminó abruptamente tras ser arrollado por una motocicleta frente al estadio Estadio Jaime Morón.

Julio no era un desconocido. Era de esos personajes que se vuelven parte del paisaje cotidiano: vendedor ambulante y estacionario, de los que madrugan sin falta y regresan a casa con lo justo, pero con dignidad.

Vivía en el sector Rafael Núñez, en Olaya Herrera, y como cada día, había tomado un bus que lo dejó cerca del estadio. Era su rutina. Era su camino.

Pero el lunes 30 de marzo, ese trayecto habitual se convirtió en tragedia.

Cuando intentaba cruzar la avenida Pedro de Heredia para regresar a su casa, fue embestido por una motocicleta que, según el relato de sus familiares, se movilizaba a gran velocidad y, aún más grave, por el carril exclusivo de Transcaribe. Un espacio diseñado para el transporte público, no para la imprudencia.

“Todos los días cruzaba por ahí”, dijeron sus allegados. “Pero esta vez la moto venía muy rápido y se lo llevó por delante”.

El impacto fue brutal. Julio fue auxiliado de inmediato y trasladado al Hospital Universitario del Caribe, donde luchó por su vida durante varias horas. Sin embargo, hacia las 2:00 de la madrugada, los médicos confirmaron lo inevitable: su cuerpo no resistió las heridas.

El conductor de la motocicleta también resultó lesionado y permanece hospitalizado, con una fractura en una de sus piernas.

Pero más allá del accidente, queda una pregunta que retumba con fuerza en las calles de Cartagena: ¿hasta cuándo la imprudencia seguirá cobrando vidas?

El uso indebido de los carriles exclusivos, el exceso de velocidad y la falta de cultura ciudadana no son hechos aislados. Son una constante que, poco a poco, se normaliza. Y en esa normalización, historias como la de Julio se repiten.

Julio Movilla no murió solo por un accidente. Murió en medio de una cadena de irresponsabilidades que, día tras día, ponen en riesgo a peatones, conductores y a toda una ciudad.

Hoy, su ausencia pesa en las calles donde trabajó, en la memoria de quienes lo conocieron y en una Cartagena que sigue debatiéndose entre el desorden vial y la urgencia de tomar conciencia.

El accidente ocurrió en un horario de mucha movilidad por la mencionada zona, lo que hizo que en cuestión de segundos llegaran hasta el sitio del siniestro más de cinco ambulancias, en dos de las cuales fueron remitidos los heridos a los centros asistenciales.

Falta algo por hacer…

Durante más de diez o más horas al día, el Datt con el acompañamiento de la Policía hacen puestos de control y operativos en distintos puntos de la ciudad. Resultado de estos, son muchos los vehículos, en especial motocicletas los que son inmovilizados, pero las imprudencias y la fatalidad continúan.

Muchos motociclistas son de los que dicen «eso que le ocurrió a él no me pasa a mi, yo manejo rápido pero con precaución, no sabiendo que puede ocurrir en las vías», comentó un ciudadano que a diario observa Miles de imprudencias, en su gran mayoría cometidas por motociclistas.

Hay controles, con resultados fuertes económicamente para los infractores, entonces qué es lo que está faltando para evitar tragedias viales en Cartagena.

La respuesta la tiene la gente del común que día a día piensa para cruzar una via en Cartagena. «Se necesita que los conductores hagan de la prudencia esa amiga que les acompañe en todo momento para evitar desgracias. Lastimosamente, la gente prefiere la velocidad, las piruetas en las calles, que en muchas ocasiones el resultado final es la desgracia y la fatalidad», señalan varios ciudadanos consultados.