Unidos por el respeto y la dignidad de nuestras víctimas
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Cuando la memoria es más fuerte que el olvido.
Por: Emilio Gutiérrez Yance
Hoy, 9 de abril, nos unimos como nación para honrar la memoria y la dignidad de las víctimas del conflicto armado. Desde aquel suceso de 1948 que marcó nuestra historia, el camino hacia la resiliencia ha sido largo, pero la voluntad de reconstrucción social sigue firme, intacta, como una promesa que no se rompe.

En la Policía Nacional de Colombia, el dolor de las víctimas también nos pertenece. Lo sentimos, lo reconocemos y lo acompañamos. Son más de 9 millones de colombianos afectados, entre ellos 101.785 integrantes de la institución, cifras que estremecen, pero que sobre todo obligan a no olvidar.
Porque no son números. Son familias incompletas, son sueños interrumpidos, son historias que quedaron suspendidas en el tiempo. Es un legado que custodiamos con respeto en 146 lugares de memoria, a través de la Unidad Policial para la Edificación de la Paz. Allí, la memoria no es pasado: es presente y compromiso.
La mañana del 9 de abril no amaneció como cualquier otra en el departamento de Bolívar. Había algo distinto en el ambiente. Desde temprano, plazas, iglesias y parques comenzaron a llenarse de rostros que no iban de paso, sino con propósito: recordar, honrar, acompañar.
El sol caía con fuerza, pero fue la brisa la que se hizo protagonista. Persistente, inquieta, de esas que no se quedan quietas. Intentó apagar las velas encendidas en honor a las víctimas… pero no pudo. Como si cada llama estuviera sostenida por la memoria misma, resistieron.
El ambiente hablaba sin necesidad de palabras. Madres aferradas a fotografías, padres en silencio cargando ausencias, niños escuchando historias que, aunque no vivieron, ya hacen parte de su memoria. Era una jornada donde el dolor y la dignidad caminaban de la mano.
En distintos municipios, las velas dibujaron caminos de luz. Y mientras el viento insistía, las manos respondían: las cubrían, las protegían, las defendían. Pequeños gestos que decían mucho. Porque cuidar la llama era también cuidar el recuerdo.
La ofrenda floral marcó uno de los momentos más solemnes. Uniformados de la Policía y las Fuerzas Militares, en medio de una calle de honor, rindieron homenaje con respeto profundo. Cada flor depositada llevaba consigo una historia, un nombre, una vida que sigue presente.
Más allá del protocolo, lo que realmente quedó fue lo humano. Abrazos largos, palabras sencillas, miradas que decían “seguimos juntos”. Porque cuando el dolor se comparte, pesa menos, y cuando la memoria se une, se vuelve fuerza.
En medio de la jornada, el coronel Diego Fernando Pinzón Poveda, comandante del Departamento de Policía Bolívar, expresó:
«Hoy no solo honramos la memoria de las víctimas, también reafirmamos nuestro deber de acompañarlas, de proteger la vida y de trabajar incansablemente para que el dolor no se repita. La paz se construye desde el respeto, pero también desde la memoria.»
Al final del día, la brisa seguía soplando… pero las velas también seguían encendidas. Algunas consumidas, otras firmes, como la esperanza de un país que no se rinde. Porque en Bolívar quedó claro: ni el viento pudo apagar la memoria… ni la decisión de recordar para no repetir.




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