¿En qué momento el control social perdió el rumbo?
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Por Andrés Ochoa
Presidente – Veeduría en Salud Color Esperanza
El control social es uno de los pilares fundamentales de una democracia participativa.
Fue concebido para que los ciudadanos vigilaran la gestión pública, denunciaran irregularidades, protegieran los recursos del Estado y defendieran los derechos de la comunidad.
Nunca fue creado para convertirse en un mecanismo de intimidación ni en una herramienta para obtener beneficios personales.
Sin embargo, vale la pena hacerse una pregunta que incomoda, pero que el país debe discutir: ¿en qué momento algunos olvidaron el verdadero propósito del control social?
Hoy encontramos ciudadanos y organizaciones que ejercen la veeduría con compromiso, independencia y transparencia. Gracias a su labor se han descubierto actos de corrupción, se han corregido fallas administrativas y se han protegido derechos fundamentales.
Pero también preocupa que, en algunos casos, el nombre del control social parezca utilizarse para fines distintos a los que inspiraron su creación.
Es profundamente preocupante observar que una irregularidad, en lugar de ser denunciada de inmediato para que sea corregida, pueda llegar a verse como una oportunidad para obtener ventajas personales o ejercer presiones indebidas.
Si esas conductas ocurren, no solo afectan a las instituciones involucradas; también deterioran la credibilidad de las verdaderas veedurías ciudadanas.
El verdadero veedor no guarda una denuncia como si fuera la sorpresa de una piñata para utilizarla cuando más le convenga.
No convierte el silencio en una moneda de cambio. No mide su trabajo por los beneficios que pueda obtener.
El verdadero control social no se negocia.
Quien descubre una falla tiene el deber moral y ciudadano de ponerla en conocimiento de las autoridades competentes para que sea corregida.
Ese es el verdadero sentido de la vigilancia ciudadana: prevenir el daño, proteger los recursos públicos y garantizar los derechos de la comunidad.
Desde la Veeduría en Salud Color Esperanza creemos que la credibilidad es el patrimonio más importante de cualquier veedor.
Cuando la ciudadanía comienza a sospechar que una denuncia depende de intereses particulares y no del interés público, pierde la confianza en una herramienta que ha sido fundamental para fortalecer la democracia.
También es importante expresar que defendemos la misión médica, el trabajo de los servidores públicos honestos y de los funcionarios que cumplen con su deber.
Del mismo modo, defendemos a los usuarios del sistema de salud y a todos los ciudadanos cuyos derechos deben ser respetados.
Nuestra función no es perseguir personas ni destruir instituciones. Nuestra función es exigir que las instituciones actúen conforme a la ley y que los derechos de los ciudadanos sean protegidos.
Los derechos siempre deben ir acompañados de responsabilidades. Las entidades públicas y privadas tienen el deber de actuar con transparencia y corregir sus errores.
Los ciudadanos tienen el derecho de denunciar, pero también la responsabilidad de hacerlo con honestidad, pruebas y buena fe.
Los veedores tenemos la obligación de actuar con independencia, sin convertir el control social en un instrumento de presión o de intereses particulares.
La corrupción no solo existe cuando un funcionario actúa de manera indebida. También puede surgir cuando cualquier persona intenta utilizar una irregularidad para obtener beneficios que nada tienen que ver con el interés general.
Frente a esas conductas, la respuesta debe ser la misma: investigación, transparencia y aplicación de la ley.
Nuestro país necesita más ciudadanos comprometidos y menos oportunistas. Necesita más denuncias responsables y menos espectáculos. Necesita más ética, más transparencia y menos intereses personales.
Desde la Veeduría en Salud Color Esperanza seguiremos ejerciendo un control social serio, responsable, independiente y transparente.
Denunciaremos cuando existan razones para hacerlo, reconoceremos cuando las instituciones actúen correctamente y promoveremos soluciones que beneficien a la comunidad.
Porque nuestra misión nunca será negociar silencios.
Nuestra misión será siempre defender la vida, la dignidad, la transparencia y el interés público.
Somos la voz de los que no tienen voz. Y esa voz jamás estará en venta.




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