¡Ajá, Pacto Histórico! ¿Esto es salpicón de moncholo o de atún?

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Por Chucho Chávez | Gen Caribe

¡Ombe, uno no sabe si esto es salpicón de moncholo o de atún! El Pacto Histórico en Cartagena está más partido que bulto de canela y, a estas alturas, hay tanta aspiración junta que uno no sabe si están armando una consulta o una olla de mazamorra política.

Por un lado aparecen un concejal, dos exalcaldes, un exrepresentante a la Cámara y una lista de aspirantes que, a juzgar por el panorama, tienen más entusiasmo que votos. ¡Ombe, algunos no van pa’ ninguna parte! Y a más de uno no sé si el pasaje le alcance siquiera para llegar al barrio El Rodeo. Pero bueno, soñar no cuesta nada; lo que cuesta es conseguir los votos.

Ahora, no perdamos más tiempo y vamos a ahumar el pescado, porque a mí, antes de desmechar el moncholo, me gusta ponerlo al humo para ver qué sabor agarra.

Los cuatro jinetes… y una incógnita

Por un lado veo a los que, en mi particular lectura, parecen los cuatro jinetes del Apocalipsis del Pacto: Armando Córdoba, Judith Pinedo, William Dau y una joven cuyo nombre todavía no logro identificar bien. Preguntando por ahí, me dicen que es una buena líder. ¡Y ojalá que sí! Porque en política uno puede tener buenas intenciones, pero a veces también se pega sus tropezones, como dice la canción.

El problema es que algunos nombres ya vienen bastante ahumados. Y cuando uno lleva tanto tiempo en la misma película, necesita mostrar algo nuevo, porque el electorado no vive de recuerdos ni de repetir el mismo discurso como disco rayado.

Fernando Niño: el que nadie quiere… pero podría tener la proteína

Ahora, si nos ponemos serios, hay dos nombres que me parecen más interesantes en esta disputa: Fernando Niño y Paola Pianeta.

A Niño le dicen el niño que nadie quiere, pero cuidado, porque en este salpicón podría ser el que más proteína aporte. Y no hablo de Ricostilla ni de Maggi, ¡hablo de músculo político!

Eso sí, para competir por la Alcaldía no basta con tener nombre, ganas y quien te escriba los discursos. Se necesita estructura, equipo, plata, votos y una estrategia que aguante más que una carpa en aguacero.

A su lado aparece Amaury Julio, el hombre de Diamante, que es como el oso: duro, no se raya y parece que tampoco se parte. Reconozco que Amaury tiene talento para los discursos, pero en materia financiera la cosa se ve menos clara. Si las cuentas no cuadran, más fácil es que a Niño le toque mandarle un Nequi para el almuerzo que esperar que le financien toda la campaña. ¡Ajá, tampoco es así!

Pero aquí viene el detalle: por los corrillos políticos circula la versión de que Niño tendría un patrocinador de peso, de esos que podrían cambiarle el tamaño a una candidatura. No tengo confirmación de quién sería ni de cuánto estaría dispuesto a poner, así que por ahora lo dejo en el terreno de las versiones. Si ese respaldo existe y se concreta, Niño podría convertirse en un contendiente mucho más serio.

Paola Pianeta: la sangre del Pacto

La otra que hay que mirar con atención es Paola Pianeta. Para mí, representa una de las expresiones más cercanas a la sangre propia del Pacto Histórico.

En los últimos días la he visto apretando en redes, moviéndose y tratando de ganar espacio. Pero, mi gente, las redes ayudan, sí; lo que no hacen es votar solas. Una cosa es tener interacción y otra muy distinta es convertir esa conversación en votos el día de la consulta.

Paola necesita demostrar que ese movimiento digital puede traducirse en organización, presencia territorial y respaldo real. Porque los corazones en Facebook no siempre aparecen marcados en el tarjetón.

La consulta: aquí es donde se separa el pescado de la espina

Al final, buena parte del futuro del Pacto dependerá de quién salga elegido en su consulta interna y de qué tan fuerte sea el respaldo que reciba después. La bendición política de Gustavo Petro podría pesar, pero no reemplaza el trabajo territorial ni garantiza que los votos aparezcan por arte de magia.

En mi lectura, hoy hay dos nombres que merecen especial atención: Fernando Niño y Paola Pianeta. Los demás tendrán que demostrar que todavía tienen combustible político y que no están viviendo únicamente de la gasolina de campañas pasadas.

Porque, seamos claros, una cosa es haber tenido poder, haber ocupado cargos o haber sido protagonista en otros tiempos, y otra muy distinta es convencer hoy a una ciudadanía que tiene problemas urgentes y cada vez menos paciencia con los discursos reciclados.

El menú está servido, pero falta el limón

Yo ya saqué del plato a los que, por ahora, veo demasiado ahumados. Puse mi arroz de coco negrito y una ensalada de payaso, aunque no estemos en Semana Santa. ¡Es lo que provoca cuando uno mira el viacrucis que atraviesa hoy el Pacto Histórico en Cartagena!

Y mejor voy buscando mil pesos de limón mandarina, pero del bien ácido, porque este salpicón necesita bastante para ver si despierta.

La pregunta no es solamente quién quiere ser candidato. La pregunta es quién tiene equipo, quién tiene votos, quién tiene propuestas y quién puede unir a un movimiento que hoy, donde cada quien llegó con su propio pescado.

¡Ajá, Pacto Histórico! Menos pelea por la cuchara y más claridad sobre quién va a poner el pescado, quién va a pagar el arroz y quién tiene con qué alimentar políticamente a Cartagena. Porque una cosa es armar el salpicón y otra muy distinta es lograr que la gente se lo quiera comer.

Chucho Chávez | Gen Caribe