Sentido común

Por Álvaro Vélez Bustillo
Ingeniero y exfuncionario de Aguas de Cártagena

Quienes hemos trabajado en Acuacar sabemos lo complejo que es llevar agua potable a los hogares y recoger sus aguas residuales.

Quienes vivimos los últimos años de las Empresas Públicas Distritales recordamos las graves deficiencias que padeció la ciudad. Esa memoria debería orientar el futuro del servicio.

La cuña salina que penetra en el Canal del Dique obliga a captar el agua cruda a más de 40 km de la ciudad y transportarla mediante estaciones de bombeo eléctrico hasta las dos plantas de potabilización.

Abrir una llave exige una operación compleja, costosa y permanente. Al llegar a la zona urbana, las conducciones atraviesan terrenos inestables que causan roturas, y los asentamientos humanos sobre sus trazados dificultan las reparaciones.

Parte de esa infraestructura es anterior a la operación de Acuacar. Son condiciones que ningún cambio de operador hará desaparecer, aunque sí exigen prevención, mantenimiento e inversiones.

El segundo frente son las pérdidas de agua. Allí concurren fugas por conexiones clandestinas, fraudes y falta de pago, esta última inducida por la pobreza de la mayoría de los usuarios.

Le pedimos al Distrito sentido común: preservar lo construido, corregir las deficiencias y ejecutar un plan de ampliación de la potabilización y de reducción de pérdidas, antes de emprender una aventura que podría poner en riesgo la experiencia, el conocimiento y la continuidad del servicio.

El alcalde ha demostrado gran capacidad de gestión. Pero nadie puede garantizar que sus sucesores tendrán la misma capacidad.

Cartagena necesita instituciones sólidas, inversiones oportunas y decisiones que resistan el paso de los gobiernos. Y que prevalezca el sentido común.