Cartagena: una muerte en el recién entregado Malecón del Mar debe sacudir la conciencia de conductores, propietarios y autoridades
¿Cómo es posible que un taxi circule por las calles de Cartagena con un conductor cuya licencia de conducción estaría vencida desde 2014 y que, además, registre 28 comparendos por más de 25 millones de pesos?
No es justo que tenga que ocurrir una tragedia en el recién entregado Malecón del Mar, que una persona pierda la vida y que una familia quede destrozada para que salga a la luz una situación tan preocupante como esta.
La muerte de un trabajador en este accidente de tránsito no puede convertirse simplemente en una cifra más de las estadísticas de siniestralidad vial. Detrás de esa vida que se perdió hay una familia, unos amigos, unos sueños y personas que tendrán que aprender a vivir con una ausencia que jamás debió producirse.
Pero esta tragedia también ha dejado al descubierto una realidad que merece una reflexión profunda: según la información conocida por las autoridades, el conductor del taxi involucrado en el accidente transitaba por las calles de Cartagena con su licencia de conducción vencida desde 2014 y acumulaba 28 comparendos que superarían los 25 millones de pesos.
¡En qué momento llegamos a normalizar situaciones como esta!
Aquí hay varias responsabilidades que deben ser examinadas, sin anticipar conclusiones ni desconocer el derecho a la defensa de los involucrados.
El primer llamado es para el conductor.
Si las autoridades confirman que esta información es cierta, estamos frente a una conducta que merece una investigación rigurosa y las sanciones que correspondan. No se trata de un simple descuido ni de olvidar renovar un documento. Se trata de conducir un vehículo de servicio público, transportar pasajeros y compartir las vías con miles de ciudadanos sin cumplir, presuntamente durante años, con un requisito fundamental para estar al volante.
Las normas de tránsito no son sugerencias. Son obligaciones que buscan proteger vidas.
El segundo llamado es para el propietario del taxi.
Hasta ahora no se conoce quién es el dueño del vehículo, pero también es necesario establecer qué responsabilidad le corresponde. ¿Quién entrega un taxi para prestar un servicio público sin verificar que su conductor tenga la licencia vigente y cumpla con los requisitos legales?
El propietario de un vehículo de servicio público no puede desentenderse de las condiciones en las que trabaja quien lo conduce. Tiene una responsabilidad que va más allá de recibir diariamente el producido del automotor.
También debe garantizar que el vehículo y quien está al volante cumplan las condiciones exigidas para prestar el servicio.
El tercer llamado, y no menos importante, es para las autoridades de tránsito.
¿Cómo fue posible que una situación de estas características se prolongara durante tanto tiempo? ¿Dónde estaban los controles? ¿Cómo se explica que un conductor con una licencia presuntamente vencida desde 2014 y 28 comparendos pudiera continuar circulando?
Cartagena necesita controles que vayan más allá de los operativos de rutina. No puede ser que la vigilancia se concentre principalmente en perseguir infracciones de motociclistas mientras situaciones de esta naturaleza pasan inadvertidas.
Las autoridades deben explicar qué mecanismos de seguimiento existen para identificar a los conductores de servicio público que circulan sin cumplir los requisitos legales y qué se está haciendo para evitar que estas situaciones se repitan.
Es cierto que existen mecanismos de información para advertir a los ciudadanos sobre el vencimiento de sus licencias y la necesidad de renovarlas. Pero informar no puede ser el único paso. La prevención también exige verificación, seguimiento y controles efectivos.
No podemos esperar a que ocurra un accidente fatal para descubrir que alguien llevaba años conduciendo sin tener su documentación en regla.
Esta tragedia debe servir para revisar los procedimientos, fortalecer los controles y establecer responsabilidades. No se trata de sancionar por sancionar. Se trata de actuar antes de que sea demasiado tarde.
Una reflexión para todos los cartageneros.
Hoy fue un trabajador que perdió la vida en el recién entregado Malecón del Mar. Mañana podría ser un padre, una madre, un hijo, un estudiante o cualquier ciudadano que simplemente sale de su casa con la esperanza de regresar sano y salvo.
La seguridad vial es una responsabilidad compartida. El conductor debe cumplir las normas, el propietario debe responder por las condiciones en que pone a circular su vehículo y las autoridades tienen la obligación de ejercer vigilancia efectiva.
Dios permita que la muerte de este ciudadano no quede solamente en una investigación judicial o en una noticia que mañana será reemplazada por otra.
Que su partida nos sacuda la conciencia.
Cartagena no merece que una tragedia de estas dimensiones vuelva a repetirse. Ninguna familia debería tener que enterrar a uno de los suyos para que descubramos que los controles no están funcionando como deberían.
Las vidas no se recuperan con comparendos, explicaciones ni comunicados. La responsabilidad es actuar a tiempo.
Porque cuando se trata de seguridad vial, mirar hacia otro lado también puede tener consecuencias irreparables.
Una vida perdida debe ser suficiente para entender que las normas de tránsito no están hechas para llenar documentos ni recaudar multas: están hechas para protegernos a todos.
Columna de opinión | Las Noticias Cartagena


