Samir Fuentes, el joven de Nicaragua que canta, dibuja y sueña con llevar su voz más allá de Bolívar
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Por Juan Martín Sánchez Gómez
En el corregimiento de Nicaragua, en el departamento de Bolívar, vive un joven que ha aprendido a convertir las dificultades en inspiración.
Su nombre es Samir Fuentes, un artista que encontró en el dibujo, la pintura y la música la manera de expresar sus sentimientos y mantener vivos sus sueños.
Nacido y criado en esta población rural, Samir asegura que su mayor fortaleza ha sido nunca rendirse.
Para él, la vida consiste en luchar por aquello que parece cercano, pero también por aquello que parece imposible de alcanzar.
«Siempre he luchado por mis sueños y por todo lo que quiero lograr. Lo que está a mi alcance trato de conseguirlo, y lo que no está, trabajo para algún día alcanzarlo», cuenta.
Aunque muchos habitantes de Nicaragua lo conocen por sus dibujos y pinturas, existe una faceta que ocupa un lugar especial en su corazón: la música. Samir es cantautor, es decir, escribe e interpreta sus propias canciones.
Actualmente cuenta con cerca de 39 composiciones de inspiración cristiana y alrededor de siete canciones seculares que aún continúa desarrollando. Cada una de ellas, asegura, nace de experiencias, emociones y sentimientos profundos.
«No son canciones que nacen de la mente. Son canciones que nacen del alma», expresa con convicción.
De hecho, una de sus composiciones lleva precisamente ese nombre: «Nacida del alma», una canción que resume la manera en que concibe la música y el arte.
Su sueño es claro: grabar sus propias canciones y compartirlas con el mundo. No escribe para que otros artistas interpreten sus letras; quiere ser él mismo quien transmita los mensajes que plasma en cada composición.
A través de la música cristiana busca llevar mensajes de fe, esperanza y amor a Dios.
Mientras que en sus canciones seculares intenta promover reflexiones sobre la convivencia, el rechazo a la violencia y las experiencias que marcan la vida cotidiana.
«Quiero cantar mis propias canciones y que la gente conozca lo que siento. Mi propósito no es la fama ni la arrogancia, sino transmitir mensajes positivos y mantener siempre la humildad», afirma.
La realidad de Nicaragua, sin embargo, no es sencilla para quienes tienen aspiraciones artísticas.
Las oportunidades son limitadas, los recursos escasos y muchos jóvenes deben abandonar sus sueños por falta de apoyo económico o de espacios para desarrollar sus talentos.
A pesar de ello, Samir no pierde la esperanza. Continúa componiendo, dibujando y trabajando cada día para acercarse un poco más a la meta que se ha propuesto.
Desde su corregimiento, rodeado de las dificultades propias de la vida rural, mantiene intacta la convicción de que algún día logrará grabar sus canciones y llevar su voz a escenarios más amplios.
Mientras ese momento llega, sigue escribiendo historias convertidas en melodías, convencido de que los sueños, cuando nacen del alma, siempre encuentran el camino para hacerse realidad.




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