Cuando la salud se convierte en una súplica en el Sur de Bolívar
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Hay situaciones que no pueden seguir siendo ignoradas. La salud es un derecho fundamental, pero para cientos de usuarios de Mutual SER EPS en el sur de Bolívar parece haberse convertido en una lucha diaria, una carrera de obstáculos y, en muchos casos, una verdadera súplica para acceder a servicios que deberían garantizarse sin dificultades.

Desde la Veeduría en Salud Color Esperanza hemos escuchado durante meses el clamor de los usuarios. Son personas que llegan con historias de largas esperas, de trámites interminables, de autorizaciones que no aparecen, de medicamentos que no llegan a tiempo y de pacientes que deben madrugar desde las cuatro de la mañana para intentar obtener una respuesta a necesidades urgentes de salud.
Lo más preocupante es que estas quejas no provienen de un solo municipio. Son denuncias recurrentes que se repiten en distintos rincones del sur de Bolívar y que reflejan un profundo descontento con la forma en que se viene manejando la atención a los afiliados.
Por esa razón, hoy hacemos pública nuestra posición y respaldamos la solicitud de los usuarios que piden a la gerencia de Mutual SER EPS en Bolívar y al doctor Galo Viana evaluar el retiro de la coordinadora del Sur de Bolívar y de las gestoras municipales que actualmente representan a la EPS en la región.
No se trata de una persecución personal ni de un señalamiento gratuito. Se trata de escuchar a una comunidad que siente que no está siendo atendida con la humanidad, el respeto y la eficiencia que merece.
Cuando las quejas se multiplican y el malestar ciudadano crece cada día, los directivos tienen la obligación de revisar lo que está ocurriendo y tomar decisiones en beneficio de los usuarios.
También es justo reconocer que muchas de las dificultades que enfrentan los pacientes tienen origen en problemas estructurales del sistema de salud. No es responsabilidad exclusiva del personal local que numerosos servicios especializados solo puedan encontrarse en Cartagena.
Sin embargo, sí es responsabilidad de quienes representan a la EPS acompañar a los usuarios, orientarlos y facilitarles el acceso a los servicios a los que tienen derecho.
Los pacientes no deberían sentirse obligados a rogar por una autorización, una remisión o un transporte médico.
Tampoco deberían percibir indiferencia cuando atraviesan momentos difíciles relacionados con su salud o la de sus familiares.
La confianza de los usuarios se construye con respuestas oportunas, con respeto y con sensibilidad humana.
Cuando esos elementos desaparecen, la relación entre la comunidad y las instituciones comienza a fracturarse.
Hoy el mensaje de los usuarios del sur de Bolívar es claro: quieren cambios, quieren ser escuchados y quieren que su derecho a la salud sea tratado con la importancia que merece.
Ignorar ese clamor sería un error. Escucharlo y actuar podría ser el primer paso para recuperar la confianza de quienes durante demasiado tiempo han sentido que están solos frente a sus necesidades más urgentes.




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