Cartagena debe hablar en las urnas

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Durante meses, Colombia fue testigo de una campaña presidencial marcada más por los ataques personales que por la confrontación de ideas.

Los candidatos que aspiran a dirigir el destino de más de cincuenta millones de ciudadanos terminaron, en muchas ocasiones, atrapados en discusiones estériles, señalamientos y descalificaciones que poco aportaron a la construcción de soluciones para los verdaderos problemas del país.

Los cierres de campaña realizados este sábado marcan el final de esa etapa. Se acabaron los discursos, las promesas repetidas y las confrontaciones que en ocasiones parecían más una disputa infantil que una contienda entre personas que buscan gobernar una nación.

Ahora comienza el momento más importante de la democracia: la decisión de los ciudadanos.

Cartagena tiene una responsabilidad enorme este 31 de mayo. No se trata únicamente de elegir un presidente (a) y una vicepresidenta (e).

Se trata de definir qué modelo de país queremos construir para los próximos años, qué rumbo tomará la economía, cómo se enfrentarán los problemas sociales, qué oportunidades tendrán nuestros jóvenes y qué futuro encontrarán millones de colombianos que esperan respuestas concretas a sus necesidades.

Por eso el llamado es claro: salga a votar.
No importa cuál sea su preferencia política. No importa si se identifica con la izquierda, la derecha, el centro o con ninguna corriente ideológica.

Lo verdaderamente importante es participar. La abstención nunca ha resuelto los problemas de Colombia. El silencio tampoco construye democracia.

Quedan ocho días para reflexionar. Ocho días para leer propuestas, comparar programas de gobierno, analizar trayectorias y tomar una decisión consciente.

El voto no debe ser producto de la rabia, de la presión de las redes sociales ni de la manipulación de quienes convierten la política en un espectáculo. Debe ser el resultado de una convicción personal y responsable.

Cartagena necesita ciudadanos comprometidos con su futuro. Ciudadanos capaces de entender que el poder no está en las tarimas ni en los discursos de campaña, sino en la papeleta que cada colombiano deposita en las urnas.

Este 31 de mayo la ciudad debe hablar. Debe hacerlo con madurez, con independencia y con la dignidad que merece una sociedad que aspira a progresar.

Vote por quien considere mejor. Vote por quien represente sus principios y sus esperanzas. Pero vote.

Porque cuando los ciudadanos participan, la democracia se fortalece. Y cuando una ciudad decide hacerse escuchar, su voz puede ayudar a cambiar el rumbo de un país.