JAC en crisis: El paso del conflicto a la verdadera gestión
![]()
Por Jackeline Perea Blanco
Las Juntas de Acción Comunal (JAC) nacieron como una de las expresiones más valiosas de la democracia participativa en Colombia: espacios donde la comunidad se organiza, identifica sus necesidades y gestiona soluciones colectivas.
Durante décadas, han sido el puente entre el Estado y los territorios, especialmente en zonas donde la institucionalidad es débil. Sin embargo, hoy enfrentan una crisis silenciosa pero profunda: en muchos casos han dejado de ser escenarios de integración para convertirse en focos de división.
No es un secreto que en numerosas comunidades las JAC están atravesadas por disputas personales, intereses políticos y prácticas poco transparentes. Lo que debería ser un ejercicio de liderazgo colectivo termina reducido a luchas de poder, exclusiones y desconfianza. El resultado es evidente: proyectos que no avanzan, recursos que se diluyen y comunidades fragmentadas que pierden la capacidad de gestionar su propio desarrollo.
Este deterioro no solo afecta la legitimidad de las JAC, sino que frena el progreso local. Cuando la organización comunitaria falla, también lo hacen los procesos de participación, la veeduría ciudadana y la construcción de soluciones desde el territorio. En lugar de ser motores de desarrollo, algunas juntas se han convertido en obstáculos para el mismo.
En este contexto, el Decreto 062 de 2025 surge como una oportunidad clave —quizá irrepetible— para reorientar el rumbo del movimiento comunal. Más que una norma, representa una invitación a repensar el liderazgo comunitario: a dejar atrás prácticas clientelistas y a apostar por una gestión basada en la transparencia, la eficiencia y el bien común.
El verdadero desafío está en quiénes asumen ese cambio. Se necesitan nuevos liderazgos, sí, pero no necesariamente nuevos rostros, sino nuevas formas de ejercer el poder comunitario. Liderazgos que entiendan que dirigir una JAC no es administrar cuotas de influencia, sino gestionar oportunidades para todos. Que comprendan que la confianza se construye con resultados y rendición de cuentas, no con promesas ni favoritismos.
El decreto puede establecer reglas, pero son las comunidades las que deben apropiarse de ellas. La transformación no vendrá únicamente desde lo normativo, sino desde una decisión colectiva de recuperar el sentido original de las Juntas: ser espacios de encuentro, de trabajo conjunto y de construcción de futuro.
Hoy más que nunca, el país necesita organizaciones comunitarias fuertes, legítimas y enfocadas en el desarrollo. Las JAC pueden y deben ser ese eje integrador que alguna vez fueron. El Decreto 062 de 2025 abre la puerta; cruzarla depende de la voluntad de quienes creen que el progreso empieza desde lo local, con liderazgo honesto y compromiso real con la comunidad.




Debe estar conectado para enviar un comentario.